|
La idea de que el petróleo se agota sin remedio parece haber sido asumida por toda la sociedad, no sólo por los profesionales del motor, aunque no parece que se pongan de acuerdo con respecto a la duración del mismo. Entre optimistas y pesimistas hay gran diferencia, pero, en todo caso, ninguno excede los 25 años. En algún momento saltaron las alarmas y empezamos a plantearnos si no había llegado el momento de adelantarse a la falta de petróleo, si tenía sentido la contaminación, pudiendo desarrollarse otros sistemas, incluso si acabar con la existencia de petróleo era lógico, o justo para los que llegaran después que nosotros, ya que del petróleo no sólo se extraen combustibles e íbamos a ser unas pocas generaciones las que disfrutáramos de sus beneficios. Cuando comenzamos a producir biocombustibles para los coches pensamos en un gran futuro, con menor contaminación, como un paso previo al vehículo ecológico definitivo y hasta una forma de paliar la crisis del medio rural. Lo cierto es que todos creímos en las numerosas posibilidades que se abrían con el biodiesel y el bioetanol. Han pasado los meses, quien suscribe estas líneas probó un vehículo que utilizaba E-85 –una grata experiencia por la suavidad y el silencio del motor con las mismas prestaciones-, visitó una fábrica sueca de bioetanol y, oyendo hablar de biomasa, llegó a imaginar vehículos como los de Regreso al Futuro, impulsados por residuos. Por desgracia la realidad parece otra. Da la impresión de que el empleo de biocarburantes puede generar muchos problemas a corto y medio plazo. La propia Comisión Europea ha admitido que no son lo que se esperaba, que deben ser producidos sin que se destruyan bosques primarios, pastos y humedales, ya que la contaminación sería aún mayor.

Sin embargo, se está haciendo, se está acabando con ecosistemas para plantaciones que puedan dar materia prima para biocarburantes; por otra parte, se están utilizando las fincas de labor para sembrar plantas adecuadas, lo que significa que, como nuestro planeta es limitado, le estamos quitando comida a alguien. Para terminar de arreglarlo, la sequía de los últimos años ha provocado malas cosechas, lo que aún ha encarecido el precio de los cereales y ha creado un desequilibrio económico por cuestiones de demanda, lo que igualmente se ha traducido en un incremento del precio de los piensos y, en consecuencia, de la carne, la leche y derivados, además del propio cereal. Hay quien opina que se pueden utilizar los residuos de las cosechas para biocombustibles, pero se ha demostrado que el precio que se paga es enorme, ya que al quitar nutrientes naturales al suelo, las plantas necesitan más fertilizantes, lo que provoca una mayor emisión de gases de efecto invernadero. Utilizar el residuo de los bosques, como hacen los suecos, o el aceite usado, pueden ser soluciones temporales, pero nunca abastecerán suficientemente el mercado para la producción de biocarburantes. Entonces, ¿cuál es la solución? Lo cierto es que la pila de hidrógeno puede serlo a medio plazo, pero mientras llega tiene poco sentido negar el progreso. Yo soy una firme partidaria de la tecnología híbrida para reducir el consumo de carburantes y contaminar menos, como lo soy también de asumir actuaciones que contrarresten nuestro efecto sobre el planeta, minimizando así el impacto y haciendo disminuir la contaminación. Eso sí, lo de que los fabricantes de baterías no estén preparados para que la industria del automóvil saque al mercados motores híbridos también es algo a tener en cuenta, aunque... ésa es otra historia!
|