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Quizás sabemos bien lo que debemos hacer para contaminar menos, sobre todo en materia de conducción, pero estoy segura de que la mayor parte de los conductores eludimos esas normas básicas que reducirían el impacto de nuestros vehículos sobre el medio ambiente. En todo caso, sigo creyendo que no menos importante es la manipulación informativa, puesto que el vehículo privado contamina muy poco si tenemos en cuenta el conjunto global de las emisiones, si pensamos en industrias, transporte en general, etcétera… Será que siempre tiene que haber alguien a quien echar la culpa y que el sector del automóvil es una presa fácil para ello, pero opino que a muchas personas, como a mí, no les parece bien que, mientras esto ocurre, se puedan seguir comprando y vendiendo derechos de emisiones contaminantes.
Lo más llamativo de todo es que las campañas siguen adjudicando la etiqueta de “el contaminador” a cualquier vehículo, por definición, olvidando el esfuerzo que el sector del automóvil está haciendo desde hace ya tiempo, eludiendo el tiempo que necesita la automoción para llevar sus innovaciones tecnológicas a los vehículos de serie, obviando el papel fundamental del coche en nuestra sociedad y el problema económico que provocaría un desajuste en las empresas del sector a nivel mundial.
La presentación a la que hacíamos referencia tuvo una curiosidad añadida, la de ofrecer los resultados de una encuesta que el RACC mandó realizar sobre 5.000 conductores de toda España. El tema: “Los conductores y el medio ambiente”. Según dicho estudio, el 80 % de los encuestados declaró estar preocupado por el medio ambiente, siendo los más jóvenes, entre 18 y 24 años, los que mostraron un nivel de preocupación inferior y las mujeres un nivel mayor que el de los hombres. Sólo el 39,3 % de los encuestados aseguraba estar muy o bastante informado sobre lo relacionado con el medio ambiente, el 31,7 % sabía que un coche de gasolina emitía más CO2 que un diesel y únicamente el 29,7 % tenía idea de que los vehículos de gasoil emitían más partículas y gases nocivos para la salud.
Según la encuesta, los ciudadanos consideran que las empresas y la administración son las que tienen más responsabilidad en la lucha contra la contaminación, el 39,8 % y el 37,5 % respectivamente. En cuanto a la actitud de los conductores ante la compra y uso del vehículo, el 89,3 % de los encuestados afirmaba seguir utilizando igual el coche después de las subidas de carburante, el 81,8 % estaría dispuesto a comprar un vehículo impulsado por energías alternativas, aunque tuviese menos potencia, reduciéndose el porcentaje a un 68,4 % si eso conllevara un descenso de su autonomía y a un 62,9 % si por ello fuera más caro. El 74 % de los conductores encuestados, para terminar, confesó no haberse informado de los daños que su vehículo podía causar al medio ambiente al adquirirlo.
Es bueno, según mi opinión, concienciar a los conductores para reducir las emisiones, como considero necesario que el comprador tenga información suficiente a la hora de comprar, pero asombra ver que se sigue cargando al automóvil el peso de la contaminación y que no se tienen en cuenta cifras como que entre 1995 y 2005, la industria del automóvil, al margen de normativas, logró que se redujeran las emisiones de los vehículos nuevos en más de un 13%. Hago mías las palabras de mi compañero de trabajo, Chimo Ortega, al escribir: “Las tecnologías denominadas verdes o azules, dependiendo de su lugar de origen, van a seguir marcando la referencia en los próximos años. Así que nosotros seguiremos hablando de ellas de forma insistente. Lo importante es que la necesaria reconversión de esta industria hacia el uso de tecnologías más limpias se haga en tiempo y forma, sin coste y premura excesivos que pongan en peligro el empleo y la inversión y, sobre todo, en un tiempo y forma que permitan adaptar infraestructuras y tanto los hábitos de conducción, como las preferencias de compra de los conductores. Hoy pocos están a favor de pagar por una mayor carga tecnología en su vehículo que reduzca sus emisiones, por mucha oferta que exista en el mercado”.
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