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Hace unos días asistí a una presentación de Parrot. Esta empresa, que fabrica periféricos para móviles, presentaba un nuevo dispositivo, el Minikit Slim, un manos libres, bluetooth, de tamaño muy reducido, que incorporaba una tecnología impensable hace no tantos años. Sin embargo, y fuera de lo que era el producto, lo que me llamó la atención fue el resultado de un estudio que la misma Parrot había encargado sobre hábitos de conducción. Las cifras resultaban curiosas y, a veces, contradictorias, como el que a pesar de considerar peligroso el uso del móvil en el coche el 100 % de los encuestados, el 93 % quería estar localizable en todo momento y 3 de cada 4 reconocía no apagar el teléfono al coger un volante. Lo cierto es que hablando unos días antes con el director general de Parrot Iberia, escuché una frase que avalaba completamente este resultado. Jesús Olivares decía: “Hay un hecho irrevocable: nadie va a dejar de conducir y nadie va a dejar de usar el móvil, con lo cual nosotros queremos usar todas las soluciones que podamos y sean fáciles de usar”.
Quizás este planteamiento se acerque mucho a la realidad, con más motivo si tenemos en cuenta que, por cuestiones de trabajo, debemos poder estar al otro lado de un teléfono. Las cosas son así, de forma que no parece mala idea hacer lo posible por minimizar el riesgo con la tecnología apropiada. Pero otra cuestión resulta trascendente en relación con este tema; los motoristas necesitan estar comunicados también y cada vez hay más gente que se mueve en moto por las grandes ciudades. La tecnología de Parrot para ellos no es menos asombrosa hoy por hoy, puesto que a los altavoces planos que se pegan a los cascos, se unen una pieza pequeña que abraza el manillar y permite manejar el manos libres, así como un micrófono, en realidad dos dentro de una alcachofa, que utilizan el mismo sistema de escucha que los búhos. El invento es curioso y, aunque supongo que no será tan extraño, yo, que me considero una total desconocedora de estos temas, estuve muy cerca de quedarme con la boca abierta cuando me explicaron que el primero de los micrófonos recoge el ruido ambiental y la voz y el segundo, el ruido ambiental; que electrónicamente se resta después ruido ambiente a ruido ambiente y se consigue con ello una voz mucho más clara.
Lo cierto es que parece una premisa muy real el que el móvil y el coche estén condenados a entenderse, entre otras cosas porque la forma de vida que llevamos favorece el uso del teléfono en cualquier lugar en el que nos encontremos. También tenía razón Jesús Olivares cuando decía: “el bluetooth sin activación por voz vale para poco, porque en marcar un número con los dedos se tardan 12 segundos; si hacemos la cuenta vemos que es un momento de riesgo, mientras que marcar por voz es un segundo, decir “teléfono” y llamar a quien quieres, con lo que minimizas el posible riesgo que puedas tener y, sobre todo, evitas soltar las manos del volante y mantienes los ojos en la carretera, que al fin de cuentas es el objetivo, que puedas conducir con la mayor seguridad posible”.
Fuera ya de publicidades ni nada por el estilo, lo que si creo es que esa postura es la mejor que podemos adoptar para apostar por el futuro. Aquellas empresas que buscan soluciones inmediatas para problemas reales, no sólo saben aprovechar la ventaja, sino que ayudan a la sociedad a evolucionar.
Entre otros datos llamativos del estudio que Parrot había encargado, y como curiosidad: 8 de cada 10 encuestados reconocían que deceleraban de forma inconsciente cuando respondían a una llamada; en general somos reacios a dar nuestro número de teléfono, sobre todo las mujeres, aunque el 63 % confesaban que respondían sin saber quién llamaba; 9 de cada 10 llamadas eran más cortas en el coche.
En breve todos los coches llevarán incorporado de serie el bluetooth, pero mientras eso llega no está de más recordar que las distracciones al volante son arriesgadas y que los demás no tienen por qué pagar nuestros errores.
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