En la vida en general y en el ámbito económico, en particular, estamos acostumbrados a que los platos rotos de las cosas que no salen bien los paguen los que menos culpa tienen y las personas que están más indefensas. Estamos hartos de ver empresas que tienen dificultades y lo primero que hacen es recortar empleos en los niveles más bajos de responsabilidad, y por lo tanto, de sueldo. Este tipo de medidas son muy habituales en el mundo del motor, porque las compañías suelen despedir a los trabajadores de la línea de montaje cuando tienen que parar la producción por la baja demanda o por otros motivos.
La verdad es que sobre el tema del cese o despido (más bien lo segundo…) de Briatore que desde ayer ya no pertenece al equipo Renault ING F1, poco o nada se me ocurre añadir de lo que se haya dicho ya. Eso sí: que ha sido una decisión inteligente, no me cabe la menor duda. Junto a Briatore también se ha ido el director técnico, Pat Symonds, pero esto no es relevante, porque a quién conocemos todos es a Briatore.
Las cosas no siempre salen como uno espera y más cuando no son buenas. Desde que empezó la dichosa crisis, nos hemos acostumbrado a tener noticias de despidos generalizados en varios sectores económicos y especialmente en el de los automóviles. Términos como ERE, baja temporal, bajas incentivadas o reducción de plantilla han entrado a formar parte de nuestro argot diario, como las conversaciones de fútbol o de política.
Hay veces que pienso que es mejor pensar en positivo y no dejarse llevar por el alarmismo al que nos llevan las cifras que podemos ver en los últimos tiempos, pero creo que los datos, y los contrastados especialmente, son el mejor reflejo de lo que estamos viviendo. Pues eso, ahí van. El año pasado un total de 39.089 trabajadores del sector automovilístico español sufrieron los efectos de los temidos expedientes de regulación de empleo (ERE), es decir, cuatro veces más que el año anterior.
La marca Mini, que tantas buenas noticias ha dado a su matriz, BMW, en los últimos años, parece que ha dejado de ser la niña bonita de la firma de Munich, para convertirse en un nuevo problema que sumar, a los que ya tenía derivados de la crisis financiera internacional, de la reducción de las ventas y demás entramados que quitan el sueño a los grandes directivos de las grandes multinacionales de la automoción.
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