A punto de que la FIA le acuse a él, y a McLaren, de mentirosos, Lewis Hamilton ha comentado que, a lo largo de esta última semana, ha pensado muy seriamente en dejar esto de la F1. Y lo dice con su particular tono de voz; esa que pone un niño cuando después de haber hecho una gamberrada se lo cuenta a sus padres. Así lo hizo, hace una semana, en una rueda de prensa en la que pidió disculpas por el tema (por la "bola…") sobre si Trulli le adelantó o le dejó que lo adelantara; una rueda de prensa en la que incluso, para que veas como está el patio, algunos periodistas, aplaudieron al piloto por tan sinceras palabras... Monsergas…, esta es mi opinión.
Los pilotos, particularmente los que trabajan en la F1, son en su mayoría unos personajes singulares. No por ser guapos (que no los son todos…) ni ricos (que sí lo son todos…) si no por que su comportamiento, antes, durante y después de cada G.P., esta, en muchas ocasiones, fuera de lugar. Me explico. Hoy dos temas atraen mi atención. Por un lado la descalificación de Lewis Hamilton por, entre otras cosas, mentiroso, lioso y prepotente. Por otro lado, las declaraciones que han realizado muchos pilotos con respecto a la meteorología (parece que va a llover y mucho) y el horario (la salida esta prevista a las cinco de la tarde, hora de allí…) del G.P. de Malasia que se disputará este fin de semana en Sepang.
Sí, no escribí nada sobre la victoria de Massa en el G.P. de Brasil del pasado domingo. Ni tampoco del primer campeonato del mundo de F1 que conseguía Hamilton. Ni de si Glock dejó o no pasar a Hamilton adrede, temas, sin duda, importantes en su momento (o sea: el domingo) pero irrelevantes – es mi opinión- desde el mismo lunes.
Medianoche. Suena mi móvil. Es mi ex colega profesional (todos tenemos un pasado) y amigo Alessandro (que no se llama así, pero mejor dejarle en el anonimato…, ya que es mi garganta profunda…) y que trabaja en un equipo de F1 como responsable logístico. Me llama desde Sao Paolo (…me asusto al pensar lo que me va a costar la llamadita…) para contarme que en McLaren no lo tienen nada claro con respecto al rendimiento del motor de Hamilton.
Uri Geller es un mentalista que se hizo famoso en España al ser invitado en un programa de televisión y doblar –sí, doblar- en directo y delante de las cámaras, una cuchara con solo el poder de su mente… Y hoy, Uri Geller, vuelve a ser noticia, por que se ha hecho público que asiste psicológicamente a nada más y nada menos que a Lewis Hamilton. He de reconocer que, no hace más de una semana, mis, digamos: “contactos en la F1”, me comentaron que a este mentalista se le había visto junto al piloto de McLaren…, pero me resistí a creérmelo y, mucho menos, a escribirlo. Y me equivoqué. De haberlo hecho, me habría anotado un tanto periodístico…, o quizá también el mayor de los ridículos...
G.P. de China. El gran día (eso nos vendieron). Parrilla de salida: Hamilton (McLaren) en la “pole”. Detrás, los dos Ferrari: el de Raikkonen y el de Massa. Fernando Alonso en cuarto lugar. Kubica, el que aún podía aspirar al título –mal fin de semana para BMW- muy lejos. Todos expectantes: los pilotos, los espectadores y los “entendidos”. Ansiosos por ver como los Ferrari “machacaban” a Hamilton que, según los “que saben sobre el tema”, no soporta la presión de ser el líder… Semáforo en rojo. Semáforo que se apaga y salida. Hamilton sale como un tiro. Detrás Raikkonen y Massa le siguen en este orden. Hamilton que se va y punto final. Poco más hay que decir de esta carrera.
Mal lo tiene Hamilton, y verán por qué. Ayer, Fernando Alonso no se cortó un pelo cuando declaró que intentará favorecer a Felipe Massa para que sea este, y no Hamilton, el que se proclame campeón del Mundo este año. A Hamilton y, por tanto, a McLaren, le siguen creciendo los enanos a solo un par de carreras para finalizar esta temporada. Los más puristas; esos que aún creen en el fair play, quizá se asombren y regañen a Alonso, pero en mi opinión, las declaraciones de Alonso obedecen más a una lógica de futuro, que no a un simple rencor o venganza.
Una vez más, una carrera de F1 queda decidida en los despachos. Allí Lewis Hamilton quedó relegado a la tercera plaza final tras una sanción de 25 segundos por una maniobra ilegal.
La actual configuración del denominado: "deporte-espectáculo-de élite", como por ejemplo: la F1, precisa de unos elementos propios que deben interesar, deleitar y entretener al público -o a la audiencia- que, al fin y al cabo, somos los que lo mantenemos. De ahí, esas "macro-ceremonias" de los juegos olímpicos. Esas impresionantes "cheerleader" siempre presentes en el deporte americano. Las no menos voluptuosas "señoritas" (mis queridas "babes") de la F1 y MotoGP o las "chicas en bikini" de los combates de boxeo; y eso, solo por poner unos pocos ejemplos de unos elementos imprescindibles en cualquier evento deportivo de primer nivel que se precie.
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