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Incluso hoy en día, la idea de unir un coche y un avión resulta tentadora. No es de extrañar por tanto que resultara realmente futurista a finales de los años treinta, cuando Waldo Waterman (1894-1976) ingeniero aeronáutico, mostró al mundo su Arrowbile. 
El vehículo en cuestión era propulsado por un motor Studebaker. En modo avión dicha mecánica movía la hélice y, en modo coche, propulsaba las ruedas. El Arrowbile contaba con unas alas que se podían plegar en pocos minutos para circular en modo automóvil. La propia Studebaker mostró interés en 1937 por la fabricación de este modelo. Sin embargo, Waldo echó abajo la propuesta cuando, realizando una demostración en una reunión de concesionarios Studebaker, su Arrowbile sufrío un accidente. > Fuente: Arrowbile; el coche volador
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