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Cuando ya había llegado el sustituto del Audi A4, todavía tuve la oportunidad de probar la ahora antigua berlina de la marca alemana con el motor de tres litros diésel de 233 CV. No en una versión normal, sino en la automática con carrocería familiar, acabado S Line y tracción total. Una maravilla. 
En la foto no está con acabado S-Line, que rebaja altura y utiliza otras llantas. Bueno en general. Todo siempre es matizable pero, técnicamente, el Audi A4 con dichas características es uno de esos automóviles que encandilan. El cambio automático, sin ser el excelente DSG, tiene un funcionamiento bastante bueno. Sobre todo en cuanto a las levas del volante; una encargada de subir marchas y otra de bajarlas. Bien situadas a ambos lados de un volante que también es muy bueno por tacto y diseño, la mayor pega que encontré al manejo del cambio es la habitual; en conducción deportiva se pierde parte de la retención del motor -debido a que por motivos de fiabilidad no se permiten determinadas reducciones- y por tanto se termina sobrecargando de trabajo a los frenos. 
Magnífica estabilidad. En el aspecto de la estabilidad encontramos uno de sus valores más positivos. De hecho, cuenta con todos los elementos para llegar a ser un automóvil increíblemente estable. El esquema de suspensiones delantero y trasero está bastante elaborado, tiene tracción total de la buena -tipo Quattro con diferencial Torsen-, las leyes de amortiguación están endurecidas debido al acabado S-Line y, por igual motivo, las llantas cuentan con neumáticos de perfil bajo para mejorar la inmediatez de respuesta y la fiabilidad de la trayectoria. Resultado; permite una conducción increíblemente rápida en cualquier tipo de terreno. No obstante hay que reconocer que la suspensión S-Line no es la más adecuada por cuanto a confort, resultando algo incómoda al afrontar carreteras rotas o baches repentinos. Sobrado de motor. Antes he comentado lo bien que funciona el cambio. En realidad, el buen resultado del conjunto tiene mucho que ver con la mecánica elegida. Con un motor diésel de enorme fuerza (450 Nm desde sólo 1400 rpm), cualquier cambio automático permite una buena respuesta -siempre que aguante la fuerza disponible en el motor-. Esta maravilla, además, no es ruidosa desde dentro del coche, funciona con suavidad, y puede incluso considerarse parca en consumos habida cuenta de sus prestaciones. 
Suspenso en espacio. Para el final he dejado el aspecto que, de lejos, menos me ha gustado del conjunto; su habitabilidad. Cuando alguien se gasta el dinero que cuesta un coche como el A4 da, a veces, algunas cosas por hecho. Si entre ellas está la de contar con un coche espacioso, se ha equivocado. El A4 Avant no es, a pesar de su carrocería, un coche apto para familias que gusten de viajar con exceso de equipaje. Y es que la estética tiene sus peajes, y una línea tan deportiva como la del Avant no es la más adecuada para ofrecer un maletero de grandes dimensiones. A pesar de que anuncia 442 litros, el espacio en anchura será un problema para muchos usuarios que, además, tampoco contarán con la boca de carga más amplia de su segmento. Mientras, los amantes de la bicicleta mejor que pongan una baca para llevarlas, porque ubicarlas en el interior trae mucha miga. Aun así, la mayor polivalencia del Avant respecto a la berlina puede ser un plus para muchos que, sin necesitar demasiado espacio, sí que buscan ampliar éste de vez en cuando. > Fuente: Audi A4 3.0 TDI Avant S-Line 2006
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