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Tuve la oportunidad de conducir el Opel GT en su presentación en el circuito de Ronda. No obstante, las precauciones de la marca evitaron su disfrute. Los 265 CV de potencia de un motor sobrealimentado por turbo y el hecho cierto de un accidente mortal en Estados Unidos durante la presentación internacional hicieron que el departamento de prensa de Opel actuara con pies de plomo en aquel evento. 
Meses después, los mismos responsables confiaron en mi profesionalidad al ofrecerme la prueba de uno de dichos vehículos durante toda una semana. No lo dudé, y me alegro. Todos los automóviles están creados para rodar, sin embargo, el Opel GT tiene la gran ventaja de ser, al mismo tiempo, un verdadero objeto artístico mientras se encuentra parado. Es más, desconozco si fue anterior o posterior a la película Cars, pero a mí me recuerda en parte al deportivo protagonista de aquella. Claro que no se trata de ningún dibujo animado, es un bello automóvil con una estética tan atractiva como agresiva. 
Hace años pude conducir el Speedster de la misma marca, modelo que podría calificarse como predecesor del GT pero que está a años luz en cuanto a confort y comodidad. Sí, a años luz... pero por detrás. Sólo el hecho de acceder a aquel automóvil requería una capacidad contorsionista que la mayoría de usuarios han perdido al superar los 35 años de edad. Estando yo ya por detrás de dicha barrera agradezco por tanto la existencia de un automóvil igualmente deportivo pero mucho menos exigente en cuanto a la flexibilidad del usuario. 
Como en aquél, el Opel GT sólo dispone de dos plazas delanteras. Es más, si el conductor decide invitar a pasear a alguien en el coche lo mejor es que decidan antes qué objetos quieren llevarse y cuáles no son absolutamente imprescindibles, pues la existencia de lugares donde dejar la impedimenta es meramente anecdótica. Mientras, la terminación del interior ha mejorado mucho respecto al Speedster, pero sigue siendo bastante poco satisfactoria, con acabados de los plásticos realizados con poco mimo y materiales que tampoco son como para echar cohetes. Es más, seguro que muchos se sorprenden cuando descubren que este descapotable no cuenta con ningún tipo de electrónica para capotarse o descapotarse, debiendo realizar dicha labor manualmente. Aun así, tanto plegar como desplegar la capota se realizará en poco más de un minuto y por una sola persona a poco que practique dos o tres veces y tenga un mínimo de maña. 
Pues bien, aunque con todo lo anterior no lo parezca y considerando además que se trata de un automóvil relativamente barato (algo más de 30.000 euros a día de hoy) el Opel GT es un deportivo descapotable ideal para un tipo de usuarios; los millonarios apasionados de los coches y con un excelente nivel de conducción. Deben ser millonarios porque, a pesar del bajo nivel de precio del coche, su utilización a diario o como coche único no es demasiado recomendable. Cierto que cuenta con aire acondicionado (no así el extinto Speedster) y con elementos como control de tracción o estabilidad, pero el exiguo habitáculo, el poco mimo que reciben los traseros de los ocupantes o el carácter de su mecánica lo apartan de una conducción confortable en la mayoría de las circunstancias. Mientras, la pasión ha de ser una condición imprescindible. Existen coches bonitos por este nivel de precio -en mi opinión ninguno tan bonito como este- que, además, puede ser descapotable y ofrecer incluso una capota dura que se pliega y repliega automáticamente con solo apretar un botón. Sin embargo, no existe ningún coche en el mercado con su nivel de potencia y sus prestaciones por precios similares. Para conseguir algo que se le acerce en este sentido habría que desembolsar cantidades mucho mayores, aunque los más cercanos son coches mucho menos radicales en su concepto y también más polivalentes en su uso. Pero llegamos al tema del excelente nivel de conduccion. Para entenderlo quizás lo mejor sea contaros una pequeña anécdota. El Opel GT lo recogió un compañero al que le gustan los automóviles pero que no es un apasionado. Él posee además un descapotable y, cuando me entregó el coche, se quedó con un Audi TT. Esto es otra cosa, me dijo al coger el Audi. Con el Opel voy incomodísimo, no me inspira confianza y es muy austero. Efectivamente, todo lo que me decía era cierto y yo, que sólo había conducido el GT en la presentación, no tenía mucho que decirle al respecto... hasta que realicé un buen número de kilómetros por carreteras viradas. Con el temor de llevar una gran caballería en el eje trasero, la conducción durante los primeros kilómetros fue de tanteo. Buscando ir un poco más deprisa cada vez descubrí un eje delantero que se inscribía perfectamente en todo tipo de curvas y que no ofrecía la flotabilidad de otras realizaciones -como sí le ocurría por ejemplo al propio Speedster-. Comprobé la verdadera capacidad de empuje del motor, su cautivador sonido, la potencia de una mecánica puesta a punto para ofrecer auténticas sensaciones. Después, cuando la confianza aumentó y a pesar de una vocecita interior que me decía que no lo hiciera, decidí apretar el botón que desata los más bajos instintos... desconecté el control de estabilidad. Tras haber comprobado que el sistema electrónico entraba en muchos virajes a la mínima insinuación de velocidad, esperaba que la trasera intentase adelantarme casi en la primera curva, pero no ocurrió así. Las ruedas posteriores se mantenían unidas al asfalto mucho más allá de los límites impuestos por el control de estabilidad, y el ritmo de conducción aumentó mucho gracias a la desconexión del sistema. 
Una vez acomodado a la nueva situación llegó el momento de atacar de verdad, de buscar los límites allá donde estos se encontraran, y fue entonces cuando comencé a sentirme un afortunado por tener la profesión que tengo. La inscripción del eje delantero en las curvas y la existencia de un gran potencial en el trasero permite que los conductores más experimentados aprovechen la propulsión posterior para ejecutar las curvas casi de lado. Se inscribe al coche, se abre gas con firmeza pero también con suavidad y se va controlando el derrape. El motor es una maravilla, los asientos sujetan, la adrenalina fluye sin parar, los kilómetros pasan, y el piloto/conductor no puede borrar la estúpida sonrisa de su boca. Sólo quienes tengan el nivel de conducción requerido para realizar las maniobras comentadas y de acceder a circuitos cerrados para hacerlo podrán de verdad disfrutar de un automóvil como el Opel GT. Los demás disfrutarán de su belleza, estarán encantados con su precio, presumirán incluso de sus amigos, pero si no son capaces de vivir la experiencia comentada estarán participando de menos de la mitad de la experiencia que puede aportar un Opel GT. Sí, si tuviera dinero me compraría uno, lo tendría en el garaje, oculto, alejado de las manos de quienes más quiero pero dispuesto siempre para cuando yo tenga tiempo de dar una pequeña vuelta con él. Es más, seguro que dentro de veinte o treinta años se ha convertido en un clásico y se ha revalorizado. A veces odio no tener dinero. > Fuente: Prueba a fondo Opel GT
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