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Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+ 2017, prueba express

Por Gregorio Arroyo
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto delantera
 
Los SUV siguen dando que hablar, cada día más. Están teniendo una acogida tal que en mercados como el español la venta de este tipo de carrocerías se traduce ya en una cuota que se acerca al 40 por cienty. Una locura. Espacio, versatilidad y diseño son argumentos muy codiciados en este tipo de vehículos, pero qué pasa si, además, incrementamos el atractivo con pilares como el rendimiento, las sensaciones o la dinámica.
 
La cosa pasa a ser ya coto privado de automóviles como nuestro protagonista, el Mercedes AMG 63 S 4Matic+ que hemos tenido ocasión de conducir tres meses antes de su llegada a España. Se trata de un SUV de alto rendimiento que se desmarca del resto de la gama con detalles específicos a nivel de diseño, mecánica y dinámica. Disponible tanto en SUV como en carrocería Coupé, sacan músculo con una estética más poderosa y agresiva, al incorporar la típica rejilla frontal Panamericana, unos paragolpes más envolventes y con entradas de aire más generosas o unos pasos de rueda ensanchados. También las llantas específicas de 20 pulgadas nos permiten ver unos discos de freno y unas pinzas sobredimensionadas.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto trasera
 
El interior se remata, igualmente, con más ‘fervor’ al incorporar asientos deportivos con mejor sujeción lateral, acabados en aluminio y piel o un volante de tacto más trabajado rematado en napa. El alma de estos modelos descansa bajo el capó. Se trata de los únicos modelos de este segmento que osan montar un propulsor V8 en sus 'entrañas'; eso es cosa de la versión mencionada anteriormente y de la 63 4Matic+, que presume del mismo bloque pero se queda en 476 CV. Además, también se pone en liza el AMG GLC 43 4Matic, que presume de un V6 con 367 CV. En todos los casos encontraremos la firma del operario que ha montado individualmente cada motor, una tradición ya en AMG.
 
Nuestra unidad es la máxima expresión de la gama. Su descomunal 4.0 V8 de inyección directa presenta dos turbocompresores que se instalan entre las dos bancadas de cilindros, con el fin de reducir el tamaño del motor y lograr una respuesta más inmediata. De hecho los 510 CV de potencia y los 700 Nm de par máximo salen a ‘borbotones’ y convierten a esta versión en un vehículo casi de carreras pese a su tamaño (4,68 metros de longitud) y los 1.935 kilos de peso (10 más en la variante Coupé) que arroja en orden de marcha. 
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto motor
 
Todo ese potencial requiere también de una puesta a punto especial de otros elementos, como el cambio, la tracción total o la suspensión. Efectivamente la gestión de los 510 CV se realiza por medio de una transmisión automática SPEEDSHIFT MCT AMG de nueve relaciones, la misma que monta la variante AMG de la Clase E con este mismo propulsor. Se trata de una caja con un  embrague húmedo que sustituye al tradicional convertidor de par para resultar más rápida y dinámica en el salto entre marchas. Se puede gestionar de manera automática o bien de forma secuencial actuando sobre las levas que giran solidarias con el movimiento del volante.
 
También la tracción total AMG Performance 4Matic+ goza de una puesta a punto específica para este modelo. En función de la adherencia y del tipo de conducción que practicamos la relación varía el reparto de la motricidad entre ambos ejes. La particular genética de este SUV deportiva siempre ‘prima’ que la mayor parte de la entrega de la fuerza se canalice sobre el eje trasero, pero en función de las circunstancias la relación variará por medio de un acoplamiento electromecánico para que las ruedas delanteras tomen mayor protagonismo, con el fin de estabilizar el conjunto cuando las cosas se complican.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto delantera
 
Elemento clave a la hora de valorar la deportividad es el montaje de un diferencial autoblocante en el eje trasero. En nuestra unidad es electrónico, mientras que en la variante de 476 CV es mecánico. De este modo se puede salir de una curva con mayor agilidad y rapidez, ya que se puede acelerar antes debido a que se evita que la rueda interior trasera pierda motricidad. Este sofisticado elemento está interconectado con el control de estabilidad ESP, que a su vez cuenta con tres reglajes específicos: conectado, un modo deportivo o completamente desconectado.
 
Otro aspecto clave es la suspensión neumática que porta de serie esta versión. En ambos ejes se apuesta por un esquema multibrazo, similar el trasero al que encontramos en la Clase E AMG, pero adecuada a la filosofía y características del GLC. Consta de tres cámaras para adaptarse a las diferentes condiciones de conducción y el conductor puede elegir entre tres modos de uso: Confort, Sport y Sport+.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto detalle suspensión
 
Las impresionantes llantas de aleación de hasta 21 pulgadas (de serie monta neumáticos 265/45 R20 delante y 295/40 R20 detrás) dejan entrever unos frenos también sobredimensionados para la ocasión, con unos discos perforados y autoventilados de 390 milímetros de diámetro delante y 360 detrás.
 
Señalar, asimismo, que esta versión tope de gama cuenta con el asistente de conducción AMG Dynamic Select. Se trata de un sistema que permite al conductor elegir entre cinco programas de uso: Confort, Sport, Sport+, Individual y Race. Al apostar por uno u otro variarán los parámetros del motor, del cambio, del ESP, de la tracción total, de la suspensión y de la dirección paramétrica.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto Dynamic Select
 
Iniciamos la marcha al volante del AMG GLC 63 S 4Matic+. Afrontamos los primeros instantes con el modo Confort ya que nos movemos por autopista. En este caso sacamos el lado amable del vehículo, con unos ajustes sumamente suaves que nos facilitan las cosas en el día a día. Habréis comprobado que no hay modo ECO, pero en Confort se activan dos funciones que limitan el consumo. Se trata del sistema Start/Stop en parado y la función de planeo que desacopla el motor de la cadena cinemática cuando levantamos el pie del acelerador al circular entre 60 y 160 km/h.
 
Ya en una zona revirada en carretera apostamos por los modos Sport y Sport+. Todo resulta más directo, la dirección es superdirecta (2,1 vueltas de volante entre topes) y se endurece, lo mismo que los tarados de la suspensión, desapareciendo así los escasos balances de la carrocería, mientras que la respuesta del cambio y del acelerador es inmediata. El motor sube, mejor dicho ruge, hasta acariciar las 7.000 rpm, pero desde apenas 1.500 vueltas ya empuja de manera constante como si fuéramos en un cohete. Se muestra estable y ágil, pero da respeto, por su potencial y porque la lluvia nos acompañó durante toda la jornada. Delante el sonido natural del V8 encandila y detrás el sistema de escape con mariposa variable es una delicia porque hace gala de un constante 'petardeo' y una función punta-tacón que invita a no bajar el ritmo. La sonoridad del escape se puede regular desde un mando situado en la consola central si contamos con la opción escape Performance.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto trasera
 
Si queremos ser más protagonistas, el modo Individual nos permite escoger los diferentes parámetros al gusto, y si queremos sentirnos pilotos el programa Race será el adecuado. Enfocado claramente a rodar en circuito de velocidad, aquí ya no se hacen prisioneros y la electrónica no actuará como 'ángel de la guarda' ante los posibles fallos que podamos cometer al volante. Queda libre de ataduras para firmar unas prestaciones que dan vértigo, ya que es capaz de alcanzar los 280 km/h  de velocidad máxima y acelerar de 0 a 100 km/h en 3,8 segundos. Hablamos de dígitos que pondrían contra las cuerdas a deportivos biplaza de renombre. 
 
La variante más potente de la gama GLC SUV homologa un consumo medio de 10,7 litros cada 100 kilómetros, llamativo si tenemos en cuenta que es un pura sangre con 510 CV. Nosotros no bajamos de los 13,0, pero es una cifra meramente orientativa, registrada en autopista, carretera, con tres adultos en el interior y una conducción no demasiado eficiente.
 
Mercedes AMG GLC 63 S 4Matic+, foto salpicadero
 
Nos queda por analizar el equipamiento, generoso en todos los sentidos. No esperábamos menos de una versión que para disfrutarla hay que desembolsar 119.125 euros. Además de todo lo ya referido hasta el momento, incluye elementos como el Head-up Display, navegador Comand Online, asistente de aparcamiento automático, faros led con luces de carretera automáticas, asientos delanteros eléctricos con memoria, retrovisores exteriores plegables y con función antideslumbramiento, cristales tintados, iluminación ambiente delantera, kit estético AMG, acceso y arranque sin llave, volante forrado en napa, alerta de fatiga del conductor, control de velocidad de crucero, climatizador bizona…
 
Esta maravilla que responde al nombre de Mercedes AMG 63 S 4Matic+ ya se puede adquirir, pero las primeras unidades no llegarán al mercado español hasta febrero de 2018. Por cierto, si nos gusta más la variante Coupé, un calco en todo menos en sus formas, el precio se incrementa hasta los 122.825 euros.
 
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