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Mazda CX-5 SKYACTIV-G 2.0 AWD, prueba a fondo

Por Gregorio Arroyo

Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto delantera

El Mazda CX-5 siempre ha sido un modelo vital en la cuenta de resultados de la marca, más ahora, con un mercado que sufre una creciente fiebre por los modelos de corte SUV. Por eso renovar un modelo de este calibre siempre conlleva 'tensiones'. No podemos hablar de una generación completamente nueva, aunque sí que introduce cambios y mejoras de peso.

Su línea es muy continuista, de acuerdo, pero si raspamos por encima comprobamos que hay más trabajo de lo que parece. El frontal es más afilado, se retrasan los pilares delanteros 35 milímetros, se rebaja la altura del conjunto otros 35 (1,68 metros) y crece 10 más en su longitud (hasta los 4,55 metros). Su estampa es más elegante y dinámica, dentro de unos ‘márgenes’ que no han querido arriesgar demasiado.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto trasera
 
Algo similar ocurre en el interior. En Mazda les gusta referirse a la fusión ‘Jinba Ittai’; yo prefiero hablar de una buena ergonomía, un tacto muy agradable de todos los mandos que rodean al conductor y una buena visibilidad gracias a su generosa altura. Gana puntos respecto al modelo anterior a la hora de analizar el confort debido a una insonorización más trabajada y al nuevo diseño de unos asientos delanteros que sujetan con más eficacia, así como unos traseros que ahora pueden regular la inclinación de los respaldos (40/20/40) en dos etapas. Eso sí, si podemos elegir mejor ‘huir’ de la plaza central, más pequeña e incómoda que las laterales.
 
El habitáculo resulta muy agradable y amplio, aunque en este sentido no bate récords frente a modelos de la competencia. La palanca del cambio está más cerca de un volante multifunción que también se ha rediseñado. De serie con nuestro acabado Zenith se ofrece el Head up Display, compuesto por una pantalla transparente retráctil situada sobre el cuadro de mandos que nos ofrece información sin tener que desviar la vista de la calzada.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto salpicadero
 
Más peso informativo tiene la que se ubica en el salpicadero, táctil sólo cuando el vehículo está parado y que se gestiona con el mando HMI Commander. Y un último guiño que nos facilita las cosas es el portón eléctrico, también sin sobreprecio, que da paso a un maletero que acaricia los 506 litros, un volumen generoso, aunque no sea una referencia. 
 
Diseño kodo, Jinba Ittai y ahora toca tecnología SKYACTIV, en 'cristiano' soluciones para buscar la máxima eficiencia a nivel de chasis, motores, transmisiones... Y hay que destacar el esfuerzo de Mazda en este sentido en los últimos años.
La carrocería es más ligera, pese a que se ha incrementado un 15 por ciento la rigidez torsional, y se ha mejorado tanto la dirección como la suspensión y los frenos para obtener una respuesta más directa, un mayor confort y una estabilidad más sólida.
 
De cara a mejorar la dinámica del vehículo se introduce un elemento vital, como el G-Vectoring Control. Este sistema analiza parámetros de la dirección y del acelerador al entrar en una curva, gestionando el par motor que reciben las ruedas delanteras con el fin de no perder motricidad. Es decir, nos hace mejores conductores sin que nos demos cuenta.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto lateral
 
La oferta mecánica del CX-5 contempla versiones de gasolina y diésel. Curiosamente Mazda hace caso omiso de la tendencia ‘downsizing’ y los propulsores en este modelo no bajan de los dos litros de cilindrada. Y a tenor de los resultados logra una eficiencia en cuanto a consumos digna de ser destacada.
 
Nuestro protagonista monta un propulsor 2.0 atmosférico de gasolina que eroga 160 caballos de potencia. Sí, son 160 y no 165 porque las versiones dotadas con tracción total, como la que nos ocupa, presentan una configuración diferente en el colector de escape por razones de espacio, y esto provoca la pérdida de 5 CV y 2 Nm de par. Nada grave por otra parte, pero curioso.
 
Esta mecánica, asociada a una caja manual de seis relaciones, resulta agradable, pero es ‘demasiado’ fiel a su naturaleza atmosférica. Esto significa que a bajo régimen le cuesta un mundo reaccionar y no tendremos una respuesta contundente hasta que no superemos las 4.000 rpm. Desde ese instante y hasta las 6.000 es donde este propulsor se encuentra en su salsa (muere a 6.500 vueltas), por lo tanto conviene llevarlo siempre alegre de vueltas para que la respuesta sea más ‘enérgica’, por ejemplo, a la hora de afrontar un adelantamiento. En cualquier caso tampoco bate récords en este sentido, alcanzando los 198 km/h de velocidad máxima o los 10,9 segundos que necesita para acelerar de 0 a 100 km/h.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto delantera
 
Una maravilla nos ha parecido el tacto del cambio. La diminuta palanca y la precisión de unos recorridos tan cortos como rápidos invitan a moverla sin descanso. Si nos vendaran los ojos parece más propia del Maxda MX-5 que de un SUV de este talla. Sobresaliente en este sentido.
 
En marcha el CX-5 convence por el gran equilibrio que ofrece entre valores como el confort y una dinámica más que correcta. No hay guiños hacia suspensiones adaptativas, pero lo cierto es que se controlan perfectamente los balanceos de la carrocería y neutraliza las irregularidad del firme con naturalidad. El sistema McPherson delante y el eje multibrazo detrás hacen su función a la perfección. Los generosos neumáticos 225/55 R19 también ayudan.
 
La dirección es rápida y precisa. En este sentido nada tiene que envidiar a la de un turismo, mientras que la tracción total facilita las cosas a la hora de ser más ágil. En condiciones normales actúa como un tracción delantera, pero si es necesario puede enviar hasta un 50 por ciento del par a las ruedas traseras para estabilizar el conjunto. Su mayor altura le permite afrontar alguna pista de tierra, pero es un SUV que ama el asfalto por encima de todo.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto trasera
 
Buena nota también para los frenos, eficaces y sin perder las formas incluso en maniobras de emergencia.Y en cuanto al consumo medio registrado durante la prueba, señalar que fue de 7,9 litros. Factores como el sistema i-stop (parada y arranque del motor automático, de los más rápidos y refinados del mercado, por cierto) ayudan a contener la sed.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto interior
 
Generoso y tremendamente avanzado es el equipamiento de serie en materia de seguridad y conectividad que porta nuestra unidad. Destacar los faros LED adaptativos con 12 bloques matriciales, la alerta de cambio involuntario de carril con función de corrección de la trayectoria al actuar sobre la dirección, un completo sistema de navegación o un equipo de sonido que firma Bosé, con 10 altavoces, que hará las delicias de los que tengan el oído más fino. También contempla control de velocidad de crucero, acceso y arranque sin llave, climatizador bizona, mando HMI Commander, ordenador de viaje, sensores de lluvia y luces,  llantas de aleación de 19  pulgadas; control del ángulo muerto, detector de tráfico trasero, detector de fatiga del conductor, cámara de visión trasera, sensores de aparcamiento delanteros y traseros, sistema de frenada autónoma en ciudad delantero y trasero, luces de carretera inteligentes, reconocimiento de señales de tráfico, pantalla táctil de 7 pulgadas, Head up display a color, navegador, portón trasero eléctrico; radio digital o retrovisor interior fotocromático. Todo por 33.680 euros que cuesta nuestra unidad.
 
Mazda CX-5 2.0 SKYACTIV 2017, foto interior
 
Si queremos más la dotación se puede ampliar con dos packs opcionales. El pack cuero, que se completa con asientos delanteros calefactados, eléctricos y con memoria el del conductor, a un precio de  2.050 euros, y el  pack cruise, que integra un Head up display en el parabrisas, un control de crucero adaptativo, una frenada de emergencia pre-impacto, un techo eléctrico y el mencionado pack cuero, todo por 5.095 euros.
 
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Publicado el: 02/04/2018
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