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Mercedes Benz ML, prueba dinámica carretera

La tercera generación del Clase M de Mercedes apareció en otoño del 2011. Con motores más eficientes y mejor adaptados a la dura competencia actual, el SUV más grande de la marca de la estrella dispone de cuatro motorizaciones, aunque entre ellas está la que impulsa al muy especial ML 63 AMG que, con 5,5 litros, motor V8 y sobrealimentación mediante turbo, y la preparación AMG, es un modelo único. Pero... espera, hemos dicho que es el SUV más grande cuando en realidad existe también el GL, un automóvil que está basado en el M y que ofrece siete plazas gracias a una carrocería de mayor tamaño. En fin, que el Clase M, siendo "uno de los SUV más grandes de Mercedes", se ofrece con un V6 de 3,5 litros de gasolina y 306 CV de potencia, con un V6 diésel de tres litros de cilindrada y 258 CV o con el cuatro cilindros y 2,2 litros que traemos a nuestra prueba. Este último sistituye al anterior V6 de tres litros que rendía igual potencia pero que contaba con unos consumos claramente superiores.

Mercedes Benz Clase M

 
El hecho de ser un cuatro cilindros supone en principio un demérito por lo que significa en cuanto a mayor sonoridad y vibraciones, pero esta situación es algo teórica, pues a bordo del ML 250 CDI lo único que puede apreciarse es la excelente realización general, con una sonoridad muy baja y una total ausencia de vibraciones. Que la insonorización tiene buena parte de la culpa de la ausencia de ruidos en el interior se demuestra fácilmente al situarse en el exterior o al abrir puertas o ventanas. Pero este pequeño inconveniente queda ampliamente compensado por unos consumos sorprendentemente bajos para las prestaciones del modelo y el tamaño y peso de su carrocería.
 
Las posibilidades tecnológicas en el interior del Clase M son directamente proporcionales a la capacidad adquisitiva de su dueño, pudiendo añadir equipamientos opcionales de todo tipo hasta hacer que el ya de por sí elevado precio de partida se sitúe en cifras prohibitivas para la mayoría de los mortales, pero que para algunos afortunados serán simplemente el peaje a pagar por obtener un automóvil único y exclusivo. De serie se incluye el cambio automático 7Gtronic con una palanca situada a la derecha del cambio que cualquier conductor no habituado a la misma confundiría con la del limpiaparabrisas. Leves movimientos de la misma permiten variar entre D (directa), N (neutro), R (reversa o marcha atrás) y P (parquing), mientras que los conductores que deseen una mayor interactividad con este sistema también pueden recurrir a las levas en el volante para aumentar o disminuir marchas.
 
Mercedes Benz Clase M
 
Otra particularidad de Mercedes está en su freno de mano. Abandonando el freno de pie que es tradicional en la marca, el de mano se sitúa en el mismo lado izquierdo donde habitualmente se coloca el de pie, siendo una palanca de fácil manejo de la que basta con tirar un poco para que deje de actuar.
 
El gran tamaño del Clase M lo convierte en rival de automóviles como el BMW X5, el Audi Q7, el Volkswagen Touareg e incluso el Porsche Cayenne. Los 4,8 metros de largo de su carrocería para una distancia entre ejes de 2,9 metros intimidan a quienes vayan a ponerse a sus mandos, o al menos lo hacen hasta que llevamos un rato circulando con él, porque una de las virtudes del modelo está en ofrecer una conducción más fácil de lo que sus dimensiones pueden hacer prever. Gran confort de marcha, un buen despliegue de tecnología destinada a facilitar la vida a bordo y un excelente agrado de conducción son otros parámetros que el conductor va reconociendo con el paso de los kilómetros. Igualmente, la sonoridad mecánica se hace tan escasa a bordo del Clase M que en su interior se escuchan más los ruidos de rodadura y aerodinámica que los producidos por el motor. Con sus 204 CV de potencia y su desenvoltura en carretera, la consecución de consumos en torno a 9 litros de media no puede sino considerarse como un verdadero logro. 
 
 

 
Desde MotorGiga consideramos siempre los valores relativos por encima de los absolutos, y los 204 CV de potencia son muy elevados en términos absolutos pero mucho menos si consideramos que el Clase M está en casi tres toneladas de peso, lo que significa que en realidad se trata de un motor de potencia suficiente para el coche pero sin pretensiones deportivas. Por ello no nos ha extrañado encontrar un automóvil que se mueve con soltura pero sin ninguna pretensión velocística. El empuje de la mecánica es más que suficiente en toda circunstancia pero sin aportar en ningún caso una patada de fuerza que nos haga pensar en elevadas prestaciones. Combinado con el cambio tampoco encontramos una respuesta demasiado viva, primando más el confort y la suavidad en las transiciones que una rápida respuesta del cambio ante las solicitudes del conductor.
 
Al igual que nos ocurrió con el Mercedes Benz Clase B, el funcionamiento de los diferentes sistemas de ayuda a la conducción presentes en el Clase M es una de las grandes virtudes del conjunto. El control de crucero activo, el sistema de mantenimiento de carril, el detector de ángulo muerto (tipo blis)... todo funciona de tal modo que es fácil habituarse a ello y tener plena confianza de que funcionará sin ningún tipo de problema. Cabe no obstante destacar que con el sistema de control de crucero activo puede llegar a ocurrir que en determinadas curvas el vehículo confunda la propia curva con la existencia de obstáculos por delante, frenando así cuando no es en realidad necesario, aunque esto es muy poco habitual y sucede en circunstancias muy determinadas.
 
 

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Publicado el: 07/06/2012
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