18 marzo 2020 Carta a afectados del Coronavirus

Buenas tardes, amig@
 
Ayer recibí un mensaje en el que se pedía que se escribieran cartas a quienes no se conoce y están pasando el coronavirus aislados en el hospital. No es una tarea sencilla, sobre todo porque ese desconocido o desconocida, porque tú, estás padeciendo en primera persona la enfermedad que nos tiene a todos encerrados en casa y, a la mayoría, con miedo, porque el miedo es libre. 
 
Te cuento que me llamo David, que llevo en casa desde el pasado 9 de marzo porque la empresa donde trabajo, en un acto de sentido de la responsabilidad, nos dijo el día 6 que el lunes ya comenzábamos a teletrabajar. Soy de los afortunados, mi casa es grande, con jardín, y mi mujer y mis hijas son lo más valioso del mundo. Por eso creo que no puedo decirte que entiendo por lo que estás pasando, que te comprendo o que sé cómo te sientes, no te voy a engañar. 
 
Lo que sí te puedo decir es que me gustaría poder darte un mínimo de esperanza, arrojar un pequeño rayo de luz que te haga sentir algo mejor. Sé que soy un desconocido, así es que lo que voy a hacer en estas cartas, que tengo intención de escribir a diario, es contarte cosas para que me conozcas algo mejor. Quiero entablar una conversación contigo, y como sé que tú "eres" mucha gente que no me conoce, te contaré historias. 
 
Hay quien dice que se me da bien escribir, pero quienes me conocen me dicen sobre todo que tengo memoria de mosquito, no me acuerdo de casi nada, y lo peor de todo es que a veces algún amigo me cuenta una anécdota graciosa en la que soy protagonista y de la que no guardo el más mínimo recuerdo, así es que no te prometo ser fiel a la realidad pero... ¿Qué es la realidad sino los recuerdos de cada uno?
 
Mis primeros recuerdos datan de la primera casa en la que vivía con mi familia. Seguramente son recuerdos "fabricados" a base de historias que me han contado, porque estuve viviendo en aquella casa solamente hasta los tres años. Era en Vallecas (Madrid), había un patio interior y vivíamos en el bajo, a la izquierda según se entraba desde la calle. No recuerdo mucho más, salvo que en el propio patio había una escalera frente a nuestra casa que, supongo, llevaba a las casas del piso superior.
 
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De la misma época entiendo que son los primeros recuerdos del colegio, cuando mis dos hermanos mayores y yo íbamos al Raimundo Lulio. Ahora, gracias a internet, se pueden ver fotos del mismo, y buscando las mismas he comprobado que mi memoria es mejor de lo que pensaba. Recuerdo perfectamente esa fachada gris que se ve al fondo, a la izquierda de la foto, y recuerdo un patio descomunalmente grande (espero que a los alumnos de ahora también se lo parezca) La "leyenda" de aquel entonces decía que hubo un niño que golpeó tan fuerte al balón que llegó a pasar por encima de la fachada gris. Ya sabes, las leyendas son leyendas... o no, pero es bonito recordarlas.
 
Tengo que dejarte por hoy, que tengo que seguir teletrabajando, mañana te contaré más.
 
Un abrazo, pero de los de verdad, porque los abrazos no son sólo físicos.
 
PD. Si conoces a alguien que esté padeciendo la enfermedad y crees que se encuentra solo, envíale esta carta. No hace falta que sea un link, puedes hacer un "copia y pega", lo importante es que le llegue y se pueda sentir algo mejor. 
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