23 marzo 2020 Carta a afectados del Coronavirus

Buenas tardes,

 
Mi hija me dice que no ponga buenas tardes, que igual me lees por la mañana, bueno, me sale así, espero que no te moleste. Te contaba ayer sobre el autobús del colegio, no sé si te he comentado que era el Santa María del Valle, aunque es algo de lo que hablaré más tarde.
 
Ahora quería volver un poco hacia atrás y comentarte de cuándo me viene a mi el gusto por los coches... y de quien. La verdad es que los coches me han gustado desde que tengo uso de razón, pero no recuerdo a ningún adulto de aquella época que fuera un forofo de los coches. Sí, a mi padre le gustaban, y creo que conducía bastante bien, pero era un usuario normal y corriente, probablemente mejor que la media porque tenía que conducir mucho, era habitual que hiciera Madrid-Barcelona-Madrid en el mismo día varias veces al mes.
 
Nosotros no nos enterábamos mucho de cuánto viajaba mi padre, pero sí que recuerdo que, la mayoría de las veces, me traía un coche de juguete. Me miraba, se metía una mano en el bolsillo, y sacaba lo que para mi era una auténtica joya, un tesoro. Quizás por eso me encantan los coches, porque lo que más deseaba en el mundo era que mi padre me quisiera tanto como yo le quería a él. Dicho así parece que mi padre no me quisiera, y no es cierto, lo que ocurre es que era un hombre de pocas palabras, y no todo el mundo entendía sus gestos, de hecho yo tardé demasiado tiempo en entenderle.
 
Cuando iba yo paseando por la calle me asomaba a todos y cada uno de los coches que veía aparcados. La verdad es que en aquellos tiempos no eran demasiados, muchos SEAT 600, 850 y 1.500, los típicos Renault, empezando por el 5 y el 7 que, por si no lo sabes, fue este último un automóvil hecho específicamente por y para España, los Citroen 2CV, GS o Cx (ya después), los Peugeot 504, y alguna que otra curiosidad más. Lo sé, he mezclado épocas y segmentos, pero para mi son todos los coches de mi infancia, incluyendo el que pensaba yo que era un gran deportivo, el SEAT 124 Sport con el motor 1.8. Todavía me parece estar viéndolo por la calle en San Juan, Alicante, y pensar que cuando fuera mayor iba, seguro, a tener uno. Es curioso, porque otro de los coches que me llamaba poderosamente la atención no fue nada prolífico, y menos aún en España, se trataba de un Matra Simca que, basado en el Simca 1200, era algo así como un SUV derivado de aquel. A mi me parecía un coche totalmente aventurero, y visto hoy en día diría que fue un adelantado a su tiempo.
 
A mi hermano el mayor, a Ginés, le encantaban las motos, pero nadie en mi casa tenía ese amor por los coches que yo sí poseía. Dice mi madre que, cuando no estaba jugando con mis hermanos, que en realidad era lo habitual porque Ginés y Jose hacían piña y yo me quedaba al margen, me tiraba las horas en mi cuarto haciendo carreteras con las pinzas de la ropa y jugando con los coches de juguete. A fuerza de ser sincero cuando era pequeño tenía otras dos pasiones; los perros y las bicicletas, eran dos cosas que quería tener por encima de todo... y que no llegué a conseguir hasta que fui mayor. Creo que mañana te contaré historias sobre los perros, hay alguna bastante curiosa.
 
Hoy, de momento, lo dejamos aquí. Un abrazo.
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