29 marzo 2020 Carta a afectados del Coronavirus

Buenas tardes de nuevo,
 
Es posible que estés leyendo estas cartas y que seas, además, aficionado a los automóviles. Si es así, también es posible que me conocieras de antes, y que te hayas preguntado alguna vez cómo hace uno para terminar dedicándose a esto del periodismo del motor. La verdad es que es una de esas preguntas que me han hecho algo así como 200 millones de veces... bueno, quizás alguna menos jajajajaja. En fin, que sé que es algo que llama la atención, y en mi caso tiene unas raíces bastante profundas y, por qué no decirlo, probablemente, bastante curiosas.
 
Una de las cosas que yo más deseaba cuando era pequeño era que mi padre se sintiera orgulloso de mi. Ya he dicho que en mi casa éramos tres chicos y una chica, y que yo era el tercero de los chicos. No hay que hacer muchas cábalas para darse cuenta que mi situación en la familia no era la más adecuada para destacar. No sólo porque mi hermano el mayor fuera un trasto, sino porque también ocurría que mi hermano el mediano era bastante tímido de pequeño y, por dicho motivo, mis padres procuraban darle la atención que parecía necesitar, mientras que mi hermana pequeña era... pues eso, la niña y, además, la pequeña. A ver, que soy consciente que si le preguntáis a cualquiera de mis hermanos o a mi hermana os contarían su propia batallita, pero como soy yo el que la cuento, pues cuento mi punto de vista. Yo era un niño de esos que dicen "echados para alante". Parecía que nada me daba vergüenza, tenía muchos amigos y siempre estaba de broma, pero también me quejaba de la falta de atención de mis padres, lo que hizo que mis hermanos también me pusieran un apodo que no os voy a desvelar... tampoco es cuestión de desnudarse al completo.
 
El caso es que mi padre no tenía el hombre demasiado tiempo para estar con nosotros. Todos los días se iba a trabajar, incluyendo sábados y domingos, así es que sólo podíamos verle en la tienda. Los domingos, especialmente, se iba muy pronto, porque como teníamos la tienda en el rastro, había que abrir muy pronto, y en vez de subir con mi madre se iba él solo, andando. Fue por dicho motivo que se me ocurrió que, si me iba con él los domingos por la mañana, igual podía pasar más tiempo con él. Y eso fue lo que hice, desde que tenía 12 años acompañaba a mi padre todos los domingos por la mañana a abrir la tienda. Nos levantábamos pronto, abríamos las tiendas (teníamos dos) y me ocupaba de preparar el puesto que había frente a la tienda de mi madre, donde pasaría toda la mañana intentando vender alguna antigüedad, que ya os comento que es bastante complicado en un puesto de la calle.
 
Seguro que a estas alturas te preguntarás qué narices tiene todo lo anterior que ver con el hecho de ser periodista del motor. Pues el tema está en que pasar la mañana en un puesto en el que se interesan entre una y ninguna personas que pasan es bastante aburrido. Como me gustaban los coches, uno de los "pagos" que me hacía mi padre por estar allí los domingos era comprarme una revista de coches, y fue así como comencé, desde pequeño, a devorar todas las revistas de coches que podía comprar. Autopista, Coche Actual, Motor 16, Automecánica, Automóvil, Gran Auto 16... las leía todas, aunque he de admitir que la que más me gustaba era Automecánica, donde podía intentar aprender algo de mecánica y leía las pruebas de un tal Arturo de Andrés.
 
Mañana te cuento más cosas sobre el comienzo de mi afición a los automóviles, hoy, de momento, lo dejamos aquí. Un abrazo.
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