31 marzo 2020 Carta a afectados del Coronavirus

Hola amig@

 
Ayer te contaba cómo devoraba revistas de automóviles cuando era pequeño. Hoy te voy a contar algo más sobre mi afición al mundo del automóvil, y es que este tema da para bastantes misivas (creo, porque luego me pongo a escribir y lo que más "chicha" parece tener se queda en nada y viceversa) Yo nací poco antes de la gran crisis del petróleo de 1973. Sí, por aquel entonces también se hablaba de "crisis", y la del petróleo fue una muy grande. Una de las curiosidades de aquélla y que poca gente conoce es que fue la culpable de que en España se pusieran los límites de velocidad ¿No lo sabías? Pues sí, las limitaciones de velocidad se pusieron en aquel entonces no "por nuestra seguridad", sino porque así los coches gastaban menos y por tanto no dependíamos tanto de las importaciones de petróleo. Ahora vas, y lo cascas.
 
Bien, pues en aquella crisis también se hablaba mucho de que las reservas de petróleo en el mundo se iban a acabar prácticamente de inmediato. Pocos daban por bueno que pudiera haber petróleo para más allá de 15 o 20 años... y estamos hablando de hace ya casi cinco décadas. El caso es que, siendo yo pequeño, estaba convencido que lo de estudiar mecánica o cosas similares no tendría futuro, así es que de principio deseché esa idea. Sin embargo, me fui haciendo mayor, y con los años se descubrieron nuevos lugares y nuevos métodos para la extracción de petróleo, y lo que se había dado por seguro unos años antes pasó a ser algo olvidado. Lo malo es que yo ya me había hecho a la idea, pero seguía adorando los coches.
 
Por una serie de malas decisiones que debo achacar única y exclusivamente a mi persona, comencé a estudiar ciencias empresariales en una universidad americana. No se me daba mal, pero aquello no me llamaba la atención lo más mínimo. De pequeño me había dedicado siempre a dibujar coches, y lo que más me llamaba la atención era el diseño. Desconozco si lo busqué o simplemente me encontré con ello, el caso es que me enteré de que había una escuela de diseño industrial que ofrecía becas. Ni corto ni perezoso, y habiendo ya comenzado mis estudios universitarios, me presenté a aquellas becas. Había que hacer unos examenes de esos tipo test y, además, un dibujo. Obtuve el puesto 22 de los que se presentaron y gané una plaza para aquella escuela.
 
Lo malo de lo anterior era que mis padres no tenían ni idea de que yo me había presentado a aquellas becas, y tampoco se enteraron cuando comencé a ir a la universidad por la mañana y a la escuela de diseño por la tarde. Bueno, no se enteraron durante un tiempo, pero cuando se enteraron se enfadaron, y mucho. La universidad a la que iba costaba una fortuna, y ponerme a estudiar "esa tontería" no parecía la mejor de las decisiones. Tuve un enfrentamiento con mi madre que terminó en discusión importante, tan importante, que se saldó yéndome de mi casa. Como no tenía dinero me presenté a un trabajo y lo conseguí, me iba a dedicar a vender libros a puerta fría por toda España. Ese fue mi primer trabajo retribuido (llevaba años ya ayudando a mis padres en su tienda) Supongo que, afortunadamente para mi, aquella situación no se prolongó más allá de unas pocas semanas, tiempo que tardaron mis padres en convencerme de que me iban a dejar estudiar lo que yo quisiera... lo que no sabía yo es que poco después tendría que irme a hacer el servicio militar... y que además me tocaba como destino Ceuta.
 
 
Mañana más.
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