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Ahora digo digo

Que debemos confirmar las noticias por más de una vía es algo primordial en cualquier trabajo periodístico. Algo que yo no hice el otro día cuando me puse a plantear un post sobre una noticia que había escuchado en un telediario. Como el post ya está escrito y, total, puede resultar interesante, os lo escribo. Aunque conste que está escrito sobre un supuesto que, a día de hoy, ni siquiera se sabe si se hará realidad y del que conocía pocos datos. Es más, prometo un segundo post en el que me desdigo de mucho de lo comentado aquí, de ahí el "donde dije digo...".

El título que había pensado era "Me cago en la política", y el texto decía: Seguro que si este blog fuera parte de una editorial no me dejarían poner este titular. No lo es. Desconozco el significado exacto de la palabra política -estoy en un avión- así es que, hasta que aterricemos, me temo que no encontraré un diccionario en el que buscarlo pero, considerando las últimas perlas que han cultivado nuestros políticos en materia de tráfico, lo menos que puedo hacer es defecar solemnemente sobre sus decisiones lo que, finalmente, me lleva al titular.

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La caja tonta me desveló ayer una noticia que dejó en mí un rictus facial de perplejidad (o sea, con la boca abierta). Tras no haberse puesto de acuerdo en temas tan "poco relevantes" como el paro o las soluciones para la crisis, nuestros queridos legisladores han acordado -por unanimidad-, que ya no se va a multar a los conductores por hablar por tléfono sin el correspondiente manos libres. En su lugar, los infractores serán amonestados y tendrán un periodo de tiempo (30 días creí escuchar) para hacerse con un manos libres.

No dudo que muchos de quienes hayan sido multados por este motivo o los asíduos a las charlas telefónicas realizadas al volante aplaudirán la idea. Yo, a pesar de haber infringido la norma en más de una ocasión e incluso haber perdido puntos por ello, no lo considero apropiado ni oportuno. Bueno, oportuno sí será, pues con dicha norma querrán decirnos que son buena gente y no buscan el aumento de los ingresos sino la mejora de la seguridad vial.
Entonces es cuando comienzan a surgir mis retortijones y tengo la certeza de que por mucho que lo analice lo único que hacen los políticos es política.

A ver, que las distracciones al volante son las que ocasionan el mayor número de accidentes no es una ocurrencia mía; lo dicen las estadísticas de tráfico. Que hablar por teléfono distrae es una realidad por mucho que todos hayamos combinado ambas acciones en alguna ocasión. Y que el hecho de no multar supondrá una relajación de los conductores en este sentido es algo que se cae por su propio peso.

Desde siempre he defendido que lo más importante para la seguridad vial es la educación. Desde todos los estamentos hay que potenciar la educación vial para evitar los accidentes. También me he situado en contra de los actuales límites de velocidad (sí, circulo muy habitualmente por Alemania y soy consciente de la necedad de algunos límites en rectas interminables que, sin embargo, están plagadas de radares) Pero lo cortés no quita lo valiente; la única ocasión en que un Guardia Civil me multó con razón fue la que me pillaron hablando por el móvil. ¿Firmará usted la denuncia? Me preguntó. Sí, claro que lo haré, le respondí, porque lleva usted toda la razón.

Ahora, vaya usted a saber por qué motivo -que lo hay, no tengáis duda- los móviles ya no son tan malos al volante. Gracias pero no, gracias, la seguirdad vial ha de ser, de verdad, lo primero que nos importe. Supongo que la necesidad de situar a efectivos de la Guardia Civil en la calle realizando su trabajo y multando a quienes no llevan cinturón, hablan por el móvil, sientan a sus hijos sin los Sistemas de Retención Infantil o realizan conducciones temerarias es algo, cuando menos, oneroso, o no cumple un mínimo de coste/beneficio en términos económicos para el estado...

Pero soy bien pensado. En realidad, ninguna de esas acciones es tan maléfica como circular un solo km/h por encima de la velocidad máxima permitida en una vía, y mucho menos si esta vía es una gran recta en la que pueden ocultarse radares ¿Por qué se ocultan, para que sigamos corriendo y tengamos el riesgo de sufrir un accidente? Que las multas por exceso de velocidad sean las más fáciles de imponer y que ahora sean también sencillísimas de cobrar (es una de las "trampas" de la nueva ley) es, simplemente, por nuestra seguridad. ME CAGO EN LA POLÍTICA.

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