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Subaru Impreza 2.0R 150 CV

Por Arturo Danielle

El encanto de lo distinto

Basta con repasar las características técnicas de todos los modelos compactos que se venden en nuestro país para comprobar las particularidades del Impreza. No sólo es el único que monta una mecánica de cilindros opuestos, también resulta exclusivo su sistema de tracción total con reductora incluida, incluso su estética se diferencia de cualquier competidor.

 

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Su nombre, durante mucho tiempo, estuvo indefectiblemente unido a la competición. En España, de hecho, los únicos Impreza que se vendieron en una larga época de su predecesor fueron las versiones deportivas, e incluso un intento de comercializar motores menos potentes tuvo muy poca repercusión en las ventas.

El nuevo Impreza es mucho más ambicioso en términos de ventas. Y también muy distinto, pues si el antiguo se caracterizaba por su particular carrocería sedán, éste se ha pasado ahora a la habitual línea dos volúmenes del segmento de los compactos. Las variaciones continúan en su interior, donde encontramos un diseño más moderno y actual, con detalles como el control de crucero con mandos en el volante o un vistoso salpicadero que está a años luz de lo que ofrecía su predecesor. Una lástima que el tacto de los materiales no haya mejorado en la misma medida. Los plásticos duros son una "especie en extinción" en el segmento pero se utilizan en el Impreza.

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El control de crucero se maneja con cinco botones ubicados en la zona derecha del volante. Con estos botones se puede incluso acelerar o subir la velocidad del sistema permitiendo, con un poco de práctica, prescindir en buena medida del uso de los pedales en circunstancias de poco tráfico. Como curiosidad, el Impreza no dispone de mandos en el volante ni en satélites cercanos para controlar el sistema de audio. Por suerte, su manejo es sencillo en el salpicadero, con botones grandes que permiten casi no despegar la vista de la carretera. Igualmente, el sistema de climatización sólo puede manejarse en el salpicadero.

Reductoras para carretera

Por supuesto, para hacer honor a su nombre y, sobre todo, a su marca, el Impreza tiene sus particularidades aunque se trate "sólo" del dos litros de gasolina y 150 CV de potencia. La más impactante resulta sin duda la existencia de una reductora, un elemento intermedio entre la palanca y el propio cambio que convierte un automóvil normal en un modelo preparado para enfrentarse a las carreteras más tortuosas. Su manejo es simple; teniendo la precaución de desembragar (pisar el acelerador) el conductor sólo ha de poner la palanca arriba (reductoras) o mantenerla bajada (marchas normales) y dicho movimiento puede hacerse incluso en marcha. La única precaución que debemos tener es la de no mantener nunca la palanca entre una posición y otra.

La posición de conducción se consigue con relativa facilidad gracias a que, a pesar de tener procedencia japonesa, nuestro protagonista cuenta con regulación en profundidad del volante además de en altura. Aun así, el coche parece que "pide" que nos ubiquemos un poco bajos respecto a la carretera, una particularidad que se repite en otros modelos de la marca como el Legacy. Por detrás, en el maletero, el Impreza paga su impuesto a la tracción total con una altura del mismo relativamente reducida, y ello a pesar de que la rueda de repuesto es de emergencia.

Situados al volante, una vez realizado el ajuste en altura que permiten ambos cinturones delanteros, nos proponemos buscar las verdaderas cualidades del motor boxer de 150 CV de potencia. Con ellos, el Impreza se mueve sin complejos en todo tipo de carreteras. Es más, si queremos aprovechar su potencial al máximo basta con situar la reductora en cortas y sacar partido de las relaciones de cambio de tercera y cuarta para extraer la quintaesencia del motor. Las habituales curvas de segunda se toman en tercera con este cambio, y las de tercera pasan a ser de cuarta, con lo que el conductor sólo ha de mover la palanca longitudinalmente, adelante para reducir y hacia atrás para aumentar de marcha. Aunque se trata de una situación ideal, la poca rapidez e incluso falta de precisión del cambio -quizás un problema de la unidad probada dado el buen manejo habitual del cambio en los Subaru- empaña el resultado final.

 

Gracias a la tracción total, la trasera ayuda a terminar las curvas y el margen de seguridad se amplía independientemente del tipo de carretera a pesar de que las suspensiones son incluso algo blandas. El motor, por su parte, ofrece su potencia a cambio de un buen puñado de litros de combustible, pero su particular sonido será una delicia para los aficionados al motor. Sí, el Impreza es un coche distinto por dentro, y también por fuera. Así, como suele ocurrir con todo aquello que se sale de las normas establecidas, el Impreza seguro que tendrá grandes amantes y terribles detractores, como tiene que ser en un coche con mucha personalidad.

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Publicado el: 15/04/2008
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