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Prueba Audi R8 V10

Audi R8

 

La belleza es, sin lugar a dudas, una de las grandes características del Audi R8. Su línea impone, por supuesto, pero también guarda sorpresas al acceder al interior. Eso sí, antes de ver el habitáculo no podemos por menos que deleitarnos ante la imagen del espectacular motor V10.

Dentro, con espacio únicamente para dos personas, las terminaciones son de un coche de lujo, haciendo así honor a la marca que representa. Estéticamente cuidado, tanto los materiales como los grafismos e incluso algunos mandos, como las luces o el mismísimo volante, bien podrían estar en cualquier otro modelo de Audi.

Audi R8 -foto lateral-

El V10 es la mecánica más potente del ya superdeportivo Audi R8. Esta bestia del asfalto transmite 525 CV de potencia al suelo a través de su eficiente transmisión Quattro. El cambio es exclusivo del R8. Se trata del R Tronic, un cambio manual robotizado que, a pesar de contar con sólo un embrague, permite una gran rapidez en las transiciones de marchas. Para usarlo con la palanca, hay que acercarla al conductor y presionar hacia delante para subir marchas y hacia detrás para reducirlas. Como curiosidad, este cambio no tiene posición de parking por lo que, al parar el coche, un indicador en la pantalla nos recuerda que hemos de dejar una marcha insertada. Eso sí, el uso más natural del cambio está en las levas ubicadas tras el volante, con la izquierda para reducir y la derecha para aumentar marchas.

Tras la palanca del cambio encontramos la posición Sport, que permite realizar cambios de manera aún más deportiva. Esta posición se encuentra activa cuando la luz está encendida. Igual ocurre con la suspensión, que cuenta también con un chivato luminoso. Los mejores conductores podrán también desconectar el control de tracción e incluso el de estabilidad,aunque nosotros no lo recomendamos bajo ninguna circunstancia. Es bonito como pocos, empuja como un demonio, y lo mejor de todo el conjunto es que realizar una conducción normal con él está al alcance de cualquiera.

Pero... cuidado, hemos dicho normal, porque buscar los límites de la bestia es algo destinado únicamente a las manos más afortunadas, aquellas capaces de dirigir sin titubeos una máquina que pasa de 0 a 100 en sólo 3,9 segundos, esos pocos privilegiados que en esto de los automóviles se sitúan claramente por encima de la media.

Pisar el acelerador a fondo y sentirse brutalmente empujado hacia delante es todo uno. Por fortuna, las levas dispuestas en el volante permiten que nos centremos únicamente en llevar al potentísimo R8 por la zona negra, y os aseguro que con este trabajo basta y sobra para mantener una elevadísima concentración cuando el pie derecho pisa con fuerza el acelerador.



La climatización no es doble, aunque con un habitáculo tan pequeño tampoco tendría mucho sentido. No obstante y por lo que se refiere al resto del equipamiento, se dispone de todos los elementos habituales en un coche de lujo, desde navegador hasta bluetooth, pasando por un excelente equipo de sonido.

En cuanto a los relojes, y como buen deportivo, el cuentavueltas tiene preponderancia sobre el velocímetro, siendo ambos indicadores muy visibles desde el puesto de conducción. El volante, lamentablemente, mantiene el achatamiento propio de las últimas creaciones del grupo, una característica que puede resultar útil en cuanto a espacio pero que es claramente inútil, e incluso molesta, en conducción deportiva. En la zona interior del volante puede controlarse el sistema de audio.

Detrás de los asientos tenemos un pequeño espacio para impedimenta, y en este caso es la zona delantera la que hace las veces de maletero, aunque a decir verdad su espacio es apropiado sólo para quienes gusten de viajar prácticamente con lo puesto.

Sólo quienes estén acostumbrados a pilotar verdaderos deportivos se acercarán a conocer las capacidades dinámicas del R8. Su velocidad de paso por curva está a años luz de los primeros miedos que les entran a los conductores menos avezados. Y estos últimos comprobarán también demasiado pronto la capacidad de frenada del R8, porque la mordiente del sistema de frenos permite llegar mucho más allá antes de comenzar la frenada.

Como buena bestia indómita, el R8 permite desconectar el control de tracción y, en un segundo paso, sólo para valientes, el de estabilidad. Pero que pueda hacerse no significa que sea recomendable, la facilidad de conducción del R8 en situaciones normales no debe llevarnos a engaño. Son 525 CV para algo más de 1620 kilos; una relación peso/potencia de apenas tres kilogramos por CV que convierte al R8 en un animal capaz de devorar el asfalto... y a los infelices que se crean capaces de dominarlo sin ayuda.

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Publicado el: 22/04/2010
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