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Mazda CX5, prueba dinámica

El Mazda CX5 es un SUV que dispone de diversas mecánicas en diésel y gasóleo, teniendo en este último caso la posibilidad de elegir entre dos versiones de diferente potencia de la misma mecánica; un cuatro cilindros de 2.2 litros de cilindrada con 150 o 175 CV. Mientras, en gasolina, la oferta se limita a un motor de dos litros que anuncia 165 o 160 CV dependiendo de si se trata de la versión de tracción delantera (165) o de la cuatro ruedas motrices (160). En MotorGiga hemos tenido acceso a dos versiones: el 2.2 D 175 CV Luxury 4WD automático y el 2.0 165 CV Style 2WD.

Mazda CX5

Dado que la versión diésel disponía de cuatro ruedas motrices y cambio automático, esperábamos que su consumo no fuera excesivamente bueno, pues ambos sistemas suponen un claro lastre para el resultado final debido al mayor peso y fricción que aportan, lo que no habíamos previsto es que la versión de gasolina pudiera llegar a rebajar en un litro las cifras reales de consumo de su hermano de gasóleo. En nuestra opinión esta circunstancia se ha debido a la unión de dos características opuestas de los motores; un consumo relativamente elevado en el caso del diésel y otro especialmente bueno en el caso del gasolina que, ayudado por no contar los lastres de su hermano,  era capaz de alcanzar con relativa facilidad consumos medios por debajo de los siete litros, y eso, en un SUV de su tamaño, es un logro tremendamente destacado.

Es verdad que la respuesta mecánica del dos litros de gasolina queda lejos de la aportada por el diésel, haciendo que el conductor deba esperar más tiempo para sentir que la caballería es capaz de aportar una capacidad de aceleración que resulta tremendamente más rápida en el caso del 2.2 diésel. Con dos litros de cilindrad en un motor que dispone de distribución variable parece que no existe mucha "chicha" hasta que no se superan las 2500 o 3000 rpm, sobre todo comparándolo con el diésel. La diferente respuesta es absolutamente consecuente con las cifras de par máximo de ambos modelos, pues los 210 Nm que ofrece el 2.0 a 4000 rpm quedan eclipsados por los 420 Nm a sólo 2000 rpm del 2.2 diésel. Puestos al volante el CX5 de gasolina requiere ser conducido con cierta pericia para ofrecer sensación de dinamismo, mientras que la versión de gasóleo, sobre todo con cambio automático, hace que cualquier "pisapedales" pueda ir rápido casi sin pretenderlo.

 

 

Comparando los precios de la gama vemos que existe una diferencia aproximada de 2000 euros en favor del 2.0 165 Style 2WD frente a la misma versión y acabado pero con motor 2.2D de 150 CV. Que dicha diferencia compense al diésel frente al gasolina dependerá de si el primero es capaz de mejorar ampliamente los consumos obtenidos con nuestro modelo de pruebas pero también de lo que el comprador esté esperando de su vehículo. Quienes busquen una buena respuesta en toda circunstancia y cargar su vehículo sin que éste tenga un importante descenso en prestaciones harán bien en decantarse por el diésel. Mientras, realizando una conducción pausada y sabiendo buscar el rendimiento mecánico a base de usar el cambio, muchos conductores verán en el 2.0 de gasolina una excelente versión en la que la suavidad de marcha y los consumos acompañan a una respuesta que no es brillante pero puede resultar suficiente en general.

 

Ya sea con dos ruedas motrices o contando con tracción integral, el Mazda CX5 es uno de esos SUV que transmiten gran seguridad en el aspecto dinámico aunque sea en una carretera de montaña repleta de curvas. El trabajo realizado por las suspensiones es capaz de limitar las lógicas inclinaciones de la carrocería derivadas de un centro de gravedad más elevado. Aun así, la presencia de cuatro ruedas motrices supone un aumento de la seguridad activa que nosotros, desde MotorGiga, recomendamos. Y es que con la tracción repartida entre las cuatro ruedas no sólo mejora la capacidad sobre terreno seco sino que, como es lógico, la seguridad aumenta exponencialmente frente al dos ruedas motrices cuando el terreno se complica por ser poco adherente o por circular con condiciones climáticas adversas. Eso sí, cuatro ruedas motrices no significa todo terreno, pues tanto éste como la mayoría de los SUV se verán habitualmente más limitados por sus cotas (altura al suelo, ventral, de ataque o de salida, etc…) que por el hecho de no contar con tracción a las cuatro ruedas, pues pocos usuarios se meterán en terrenos donde las cuatro ruedas motrices sean indispensables. 

Suspensión y dirección Mazda CX5

Un aspecto mejorable del CX5 tanto en la versión 2WD como en la de tracción integral es el de la capacidad para pasar la potencia al suelo. Si bien el 4WD permite circular con seguridad por terrenos complicados el funcionamiento de su sistema de tracción integral unido al cambio automático lleva a ciertas pérdidas de tracción poco lógicas en maniobras lentas como, por ejemplo, en un aparcamiento, haciendo que el confort de uso disminuya claramente y ofreciendo una poco agradable sensación de "aquí hay algo que no funciona del todo bien". Del mismo modo el control de tracción en el 2WD es suficientemente lento en su entrada en acción como para permitir algunas pérdidas de rueda al arrancar sobre terrenos no perfectamente adherentes como, por ejemplo, un camino de tierra. No resulta en ninguno de los dos casos un problema importante, pero sorprende que exista en un automóvil que por lo demás ofrece un reseñable funcionamiento. 

En el otro lado de la balanza está un confort de marcha por encima de la media. Las suspensiones filtran perfectamente las irregularidades de la carretera o los caminos aportando con ello gran comodidad a todos los ocupantes. Sólo esos desagradables baches (guardias tumbados) cada vez más altos de muchas urbanizaciones limitan ese confort que está presente en el resto de circunstancias. Una curiosidad al respecto de la comodidad del CX5 se encuentra en los diferentes asientos utilizados en las versiones probadas. El diésel, contando con un acabado superior, montaba unos vistosos asientos de cuero que sin embargo sólo ofrecían imagen frente a los de tela que utilizaba la versión de gasolina, pues estos últimos aportan una capacidad de sujeción y comodidad más conseguidas, añadiendo además a todo lo anterior el hecho de que los asientos de tela no dependen tanto del frío o del calor, mejorando con ello el confort térmico de los ocupantes. 

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Publicado el: 04/09/2013
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