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Victor Muller, CEO de Saab -entrevista-

Víctor Muller también fue un niño. De su infancia recuerda el bloque de apartamentos en el que vivía en Amsterdam. Bajo su ventana, aparcados, se encontraban los Saab 93, 95 y 96 del importador de la marca sueca: "sólo tengo buenos recuerdos de Saab", declara abiertamente, "como la visita al Zoo sentado en la parte de atrás de uno de sus modelos". Con medio siglo de vida, el salvador de Saab es un hombre que desata su pasión cuando habla de automóviles y, sobre todo, cuando habla de la marca sueca. "El proceso de compra de Saab ha tenido sus momentos. Comenzó siendo un reto 100% pasional y fue variando en distintos porcentajes hasta ser un 80% radional. A día de hoy, la situación está a un 50/50", reconoce Muller.


    La perspectiva de futuro que Víctor Muller tiene de Saab procede directamente del pasado de la marca. "Me gustaría que fuera independiente y rentable. Que fabricara coches para gente que busca otra cosa. Quiero una marca que fabrique Saabs con el mismo espíritu de cuando eran verdaderos Saab. Un Saab es un amigo, va mucho más allá de la mera necesidad de transportarse. Los compradores de Saab son diferentes, inteligentes, son compradores que se identifican con la marca". En esta declaración de principios no existe margen para grandes números: "No queremos hacer un millón de coches", afirma contundente, "queremos hacer coches diferentes. Obviamente, estos números se corresponden con la situación actual. Si, digamos, Audi hace 20 millones de coches, entonces sí querríamos hacer un millón de Saabs, pero esa no es la situación a día de hoy".
    Víctor Muller entró en el mundo de la automoción con Spyker, una marca prácticamente artesanal que realiza automóviles deportivos. Preguntado acerca de las similitudes y diferencias entre Saab y Spyker, Muller ve muchos más puntos en común que elementos discordantes: "Son marcas que se diferencian del resto, poseen un pasado procedente de la aviación, son nórdicas, inteligentes y muy pasionales". Con apenas 250 propietarios de Spyker en el mundo, el nuevo magnate de Saab afirma conocer a varios de ellos que han decidido comprar un coche de esta marca: "Pero se trata de situaciones casi anecdóticas, se han enterado de la compra de Saab y les ha parecido curioso hacerse con un modelo de la marca. Un Spyker es el cuarto, quinto o incluso sexto coche de la colección de un apasionado del automóvil. Un Saab es, por regla general, el principal coche de la familia. Habrá compradores de Spyker que compren un Saab, pero no habrá clientes de Saab que adquieran un Spyker".
    Respecto a la pasada época bajo el paraguas de General Motors asegura que no todo fue malo: "Nos ha permitido tener una excelente fábrica con una avanzada tecnología y, lo mejor de todo, ha permitido que ahora seamos nosotros los que tenemos Saab". Obstinación, pasión y fe en los valores de la marca fueron de la mano en el proceso de compra de Saab. "Eran fabricantes de aviones a los que, al terminar la guerra, quitaron las alas y pensaron que podrían ser bellos automóviles". El pasado aeronáutico vuelve una y otra vez a las afirmaciones de Muller, que defiende a capa y espada la necesidad de recuperar y valorar esta herencia histórica. "Cuando GM era propietaria de Saab estaba prohibido mostrar vehículos históricos de la marca. Ahora, en esta nueva etapa, está prohibido no mostrarlos."
    Víctor Muller se empeñó en no dejar de lado una marca "demasiado buena para morir, unos automóviles con personalidad a los que sus compradores no llegan por coincidencia, sino por convicción". Reconoce que el camino ha sido duro y utiliza una frase de Winston Churchill para hacer ver su firme convicción: "Cuando estás atravesando el infierno, continúa avanzando".

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