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General Motors ¿Vivir o morir?

Por Carlos Drake

General Motors, la todopoderosa compañía estadounidense y representante del espíritu americano, ha sido la última de las empresas del sector del automóvil que se ha declarado en suspensión de pagos (durante este año también lo hicieron Visteon, SsangYong o Chrysler). La situación que atraviesa la industria del automóvil, tanto en el país de las oportunidades como en el resto del mundo, no ha ayudado a la recuperación de la compañía con sede en Detroit (Michigan), pero los problemas de General Motors venían de antes y, si se me permite, acogerse a la protección judicial ha sido una de las medidas más acertadas que ha tomado la empresa en los últimos años.

En los últimos meses se han sucedido noticias de todo tipo hablando de General Motors, que si deja de ser el primer fabricante mundial de coches, que si pone a la venta Saab, que si quiere vender Hummer o que si hará desaparecer Pontiac. Lo cierto es que el verdadero detonante de esta situación, junto a la crisis económica claro, fue el ultimátum del presidente del Gobierno de Estados Unidos, Barack Obama, que dio un golpe sobre la mesa y obligó a los dirigentes de la compañía a tomar medidas realmente eficaces y contundentes que le sirvieran para asegurar su continuidad en el futuro.

Obama, que obligó a dejar la presidencia de la empresa a Richard Wagoner, se puede decir que ha sido el que ha avivado la chispa para que el actual responsable de General Motors, Fritz Henderson, haya tomado una decisión dura, pero necesaria, para que una de las mayores empresas de Estados Unidos salga adelante. Hasta el momento, la cúpula directiva de la corporación de Michigan se había empeñado en mantener una capacidad de producción excesiva en su país y seguía anclada en la idea de mantenerse como un gran grupo automovilístico, a pesar de que muchas de sus marcas dejaron de ser rentables hace mucho tiempo.

Así, las cosas parece que han cambiado mucho en los últimos tiempos y que General Motors ha decidido centrarse en sus cuatro principales marcas y empezar su negocio internacional desde Estados Unidos y con el desarrollo de coches más pequeños y eficientes. Para ello, y para poder recibir las ayudas del Gobierno de Estados Unidos y de Canadá, la empresa ha decidido acogerse a protección oficial, con el fin de que supervise su proceso de reorganización en una empresa más pequeña, competitiva y centrada en negocios rentables.

Una de las consecuencias de este proceso de restructuración y que afectará directamente a España, es la salida del este gran conglomerado de una de sus marcas de mayor renombre: Opel. Así, General Motors se centrará en sus cuatro principales marcas, que son Chevrolet, Cadillac, Buick y GMC, por lo que las restantes tendrán que abandonar el barco. Para algunas ya hay un comprador, como por ejemplo Hummer con el que hay un principio de acuerdo con la china Sichuan Tengzhong, mientras que Saab tiene tres potenciales compradores. En el caso de Pontiac, la solución es la eliminación de la Marca, mientras que en lo referente a Opel, General Motors ha optado por mantenerse como un accionista minoritario en la firma alemana, que previsiblemente pasará a estar controlada por el fabricante canadiense de componentes Magna y por el banco ruso Sberbank.

Todas estas acciones suponen el fin del gran consorcio automovilístico que durante tantos años ha reinado como el primer fabricante del mundo de automóviles, cetro que ha recogido Toyota, y que da paso al nacimiento de una nueva empresa enfocada a sus negocios principales y que no luchará, al menos de momento, por volver a ser el líder de ventas.

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