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Célula de combustible; hidrógeno como futuro

En 1807 el suizo Francois Isaac de Rivaz creó el que sería primer vehículo de combustión interna. No estaba impulsado por ningún tipo de gasolina, sino por hidrógeno. No debería extrañarnos, pues el hidrógeno es el único combustible que, al combinarse con oxígeno, genera agua y no emite nada de dióxido de carbono (CO2). Posee el poder calorífico más elevado de entre los combustibles, pero tiene como principal inconveniente su baja densidad, complicando así su almacenamiento.

renault megane por hidrógeno


Curiosamente, y a pesar de tratarse del elemento más abundante del universo, no se puede encontrar hidrógeno en estado libre en la tierra, por lo que es necesario realizar un proceso para obtenerlo. Además, no se debe considerar al hidrógeno como una fuente energética, sino como una forma intermedia para transformar la energía. Posee una elevada capacidad energética, pues un kilo de hidrógeno posee tres veces más energía que los combustibles convencionales. Sin embargo, su elevada relación volumen/peso obliga a almacenarlo en depósitos grandes o a elevada presión en depósitos muy pesados debido a que contienen el hidrógeno a muy elevada presión (en automoción se están utilizando últimamente presiones de hasta 700 bares).

Otra de las particularidades del hidrógeno es que para producirlo se requiere mayor energía de la que posteriormente almacena, lo que en sí mismo podría ser casi su principal obstáculo. No obstante, la molécula de agua puede descomponerse en oxígeno e hidrógeno aplicando electricidad en determinadas condiciones, si dicha electricidad tiene procedencia renovable, el hidrógeno producido puede considerarse como un combustible renovable.

Aunque tiene varios usos, el hidrógeno es un combustible especialmente adecuado para su utilización en pilas de combustible. Éstas son dispositivos electroquímicos que transforman la energía química de un combustible en electricidad. La pila de combustible funciona de un modo similar a una batería, aunque se diferencia de ésta en que el combustible no se almacena en su interior, sino que va suministrándose desde el exterior.

Tanto el vehículo eléctrico impulsado por baterías como los vehículos de pila de combustible permiten la uitlización de energías diversificadas. Por otro lado, ambos son totalmente limpios, pues durante su operación no emiten CO2. La mayor parte de los vehículos impulsados por pila de combustible son híbridos con baterías, encargándose estas últimas de cubrir las puntas de potencia demandadas.

Debido al accidente del dirigible Hindenburg en 1937, el hidrógeno adquirió muy mala fama en materia de seguridad a pesar de que, según estudios recientes, dicho accidente ocurrió por causa del material con el que estaba recubierto el globo. En caso de fuga de combustible, algunos experimentos han demostrado que el hidrógeno puede incluso resultar más seguro que los combustibles líquidos tradicionales. Aun así, una implantación masiva de hidrógeno en el transporte obligaría a legislar algunos aspectos como, por ejemplo, la utilización de vehículos de hidrógeno en túneles y garajes o la colocación de las luminarias en recintos cerrados, pues su ubicación en el techo puede resultar peligrosa ante escapes de hidrógeno.

El hidrógeno y los vehículos por pila de combustible son, por tanto, un paso casi obligatorio en el futuro de la automoción, pero será un paso lejano en el tiempo que habrá de ir precedido de una mayor electrificación del transporte mediante el uso exclusivo de baterías o la utilización de propulsores híbridos. Así, algunos estudiosos predicen un sistema energético basado en el hidrógeno, pero dicho escenario se hará realidad, como muy pronto, para el 2050.

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