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Prueba MB SLK 200 K

Cautivador más allá de la imagen

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Renovado a principios del 2008, el SLK mantiene el atractivo de su imagen y mejora los aspectos prestacionales y de consumo.

El lanzamiento del primer SLK en 1996 supuso toda una revolución. No sólo se adentraba Mercedes Benz en un segmento atípico para la marca, sino que lo hacía con un automóvil de línea rompedora y un sistema hasta entonces muy poco habitual, el techo duro escamoteable.

En enero de 2008 el SLK recibió una profunda renovación para adaptarse a los tiempos que corren. Se trató, no obstante, de un restyling y no de una variación de modelo, pues las líneas maestras del SLK siguen prácticamente inalteradas.

(Vídeo: Análisis de interiores)

La apertura o el cierre del techo se realiza en sólo 22 segundos (en el vídeo está acelerado) y su puesta en marcha está comandada por un botón en el salpicadero u, opcionalmente, a través del mando a distancia. A cielo abierto se dispone de un sistema específico de Mercedes denominado Airscarf que manda aire caliente a la altura de las cabezas de los ocupantes desde los propios reposacabezas.

Sólo dispone de dos plazas, aunque en ambas se cuenta con todo tipo de detalles. El cambio automático, a pesar de contar con opción sport, es demasiado intrusivo para quienes gusten de disfrutar de la conducción. Tanto en el propio pomo de la palanca de cambio como con levas en el volante, el SLK también permite realizar cambios manualmente. En la consola central encontramos los tradicionales mandos de Mercedes, con botones grandes y diagramas claros para controlar todas las funciones disponibles.

La versión 200K fue una de las que más ventajas obtuvo con la última puesta al día del modelo. De los 163 CV de la anterior generación se pasó a los 184 mejorando, además, las cifras de consumo. Unos desarrollos casi un seis por ciento más largos en cada una de las relaciones tienen gran parte de culpa en estas mejoras.

(Vídeo: Prueba dinámica en circuito)

Dinámicamente, la propulsión trasera del SLK hace pensar en un comportamiento algo delicado. Sin embargo, realizar derrapadas como las que pueden observarse en el vídeo sólo es posible forzando mucho la situación y, por supuesto, desconectando el control de estabilidad y siempre dentro de la seguridad de los circuitos. Además, la función latente del control de estabilidad ayuda a realizar dichas maniobras con una seguridad impensable en ausencia de esta función. A pesar de lo que pueda parecer por las imágenes, la personalidad predominante en el SLK es de subviraje -derrapa antes del tren delantero- resultando así más seguro para la inmensa mayoría de los conductores.

Como colofón, el maletero resulta ser otra buena sorpresa, pues su capacidad es suficiente para dos pasajeros siempre que no pretendan pasar fuera más de una semana. Para mantener la posibilidad de descapotar el techo basta con mantener la impedimenta por debajo del tope dispuesto al efecto.

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Publicado el: 31/12/2008
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