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Aroma de cambio en el Salón de París

Por Carlos Drake

Seat IBE

Uno ya no sabe qué pensar. Es difícil saber si realmente se ha Acabado la crisis, si lo peor ha pasado o si, como dicen algunos expertos en la materia, estamos en una situación similar a cuando un balón rebota en el suelo, que cae rápido, sube un poco y luego vuelve a caer. Sería absurdo, desde mi posición, conjeturar o lanzar teorías sobre el futuro económico de la economía, y del sector del automóvil, que es lo que nos atañe, por dos razones. La primera: no soy economista, que es la principal, por supuesto. La segunda: si los grandes gurús de la materia no se aclaran y no supieron prever lo que iba a pasar con la economía internacional, me parece absurdo que yo me ponga a teorizar.

No obstante, los acontecimientos a los que he asistido en los últimos tiempos me han dado qué pensar y, si no del todo, han conseguido casi convencerme de que la crisis y de que los malos tiempos han pasado, o están a punto de hacerlo. La semana pasada la pasé en París con el propósito principal de asistir al Salón Internacional del Automóvil de París. Fue allí, en la ciudad del amor, en la que las grandes marcas del automóvil quisieron dar un mensaje de esperanza. Este Salón fue diferente a los últimos y en él se respiró un aire diferente, como si todo hubiera vuelto a la normalidad y nada malo hubiera ocurrido, como si se vendieran tantos coches como en 2007 y con la presentación de novedades de todo tipo. Un salón normal de los que se hacían antes.

El único cambio que se puede observar entre los salones del automóvil que se celebraban desde 2007 y en los años anteriores es que en la edición de este año de la feria parisina había una multitud de automóviles y coches de concepto, de los denominados 'verdes', propulsados por motores eléctricos, híbridos entre electricidad y gasolina o gasóleo, así como híbridos impulsados por gas o modelos con pila de combustible. Vamos, lo que se dice una gran variedad. No obstante, París también ha sido el escenario de la presentación internacional de grandes modelos deportivos de alto calibre, como el Veyron, el Continental GT o el Porsche 911 Speedster.

Desde mi punto de vista, esta edición del Salón del Automóvil de París podrá ser recordada como la primera de la nueva etapa en la que está entrando el automóvil, en la cual se está saliendo a pasos cortos del túnel de la crisis, para entrar en una nueva era de innovación, de inversiones en nuevas tecnologías, de creación de empleo y, sobre todo y por encima de todas la cosas, marcada por el desarrollo de coches a los que no estamos acostumbrados, que convivirán, quién sabe por cuánto, con los automóviles convencionales y que cambiarán el aspecto de nuestros garajes y de nuestras carreteras y especialmente el sonido del tráfico.

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