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El culo lleno de preguntas... o no

Sensaciones a bordo del  Abarth 595 Competizione de 160 CV 

Fiat 500 Abarth

Uno de los periodos más fascinantes de mi vida profesional transcurrió durante la primera época como probador y redactor en Autovía. Las oficinas de MotorPress Ibérica no eran un simple lugar de trabajo (cosa que según me cuentan sí parecen ahora) sino que se trataban del lugar de encuentro de apasionados al mundo del motor y otras materias que, además, se dedicaban a escribir sobre sus respectivas pasiones. Salir a probar alguno de los nuevos modelos recientemente aparecidos era una pequeña parte para conocer todas sus virtudes e inconvenientes, el grueso de conocimiento venía sin embargo de "comentar la jugada" con otros compañeros de diferentes revistas o con los integrantes del centro técnico, lugar por el que pasaban todos y cada uno de los coches y que estaba encargado de realizar todas las mediciones con el mismo, ya fueran de prestaciones, técnicas o de interior. 

Abarth 2013


En esas aparentemente infructuosas y poco productivas charlas de pasillo o en las muchas visitas que se realizaban de una a otra redacción se podían escuchar multitud de chascarrillos, comentarios y frases hechas aplicadas a unos u otros automóviles. No todas las opiniones eran coincidentes pero poniendo atención se podían extraer valisísimas conclusiones de un automóvil aunque jamás te hubieras subido al mismo. Si algún directivo de la actual Motorpress Ibérica lee esto le recomiendo que permita e incluso motive aquellas excelentes prácticas que me cuentan que han desaparecido por completo.

El caso es que hace poco he ido a una presentación en la que antes de subirme al coche me acordé de uno de los chascarrillos más graciosos pero también habituales de aquellas instructivas charlas; "se te llena el culo de preguntas". Desconozco de quien es la autoría de la frase pero el significado de ella es clarísimo, se trata de esa sensación que tienes cuando, subido a un coche, no sabes si serás capaz de dominarlo o terminará siendo el coche quien te domine a ti (y digo quien y no que porque, como muchos sabréis, los coches SÍ tienen alma). Era la presentación de la nueva gama Abarth y el lugar elegido para la misma el circuito del Jarama. No se trataba de un día cualquiera sino de una jornada en la que Madrid se cubrió de blanco debido a la nieve y parecía que cualquiera que tuviera dos dedos de frente había de quedarse en casa o, como mínimo, abandonar la peregrina idea de conducir un vehículo que no estuviera dotado de neumáticos de invierno y, a ser posible, cuatro ruedas motrices.

Llegué a las instalaciones del circuito madrileño y mi primera gran, que no grata, sorpresa fue que el hecho de que la cita se realizara en el circuito no implicaba que se rodara en el mismo, sino que la prueba se realizaría en carretera abierta. Bien, la primera en la frente, pero no íbamos a ponernos tontos con el tema. Me preguntaron qué coche quería probar y, recordando que ya hacía unos años había probado la versión de 135 CV del 500 me pareció que era una oportunidad excelente para ponerme a los mandos del Abarth 595 Competizione de 160 CV de potencia. Y fue al acceder al mismo cuando me llegó la duda, cuando la zona en la que mi espalda pierde su nombre se llenó de preguntas porque... ¿Acaso no estaba a punto de probar un coche diminuto dotado de una mecánica sobrealimentada por turbo y capaz de ofrecer 160 CV bajo el pie derecho?
 
Gama Abarth 2013

Al realizar unos cuantos kilómetros metido en aquel habitáculo en el que mi metro ochenta de estatura quedaba peligrosamente cerca del techo y con la sensación de abarcar más de la mitad de la anchura de las plazas delanteras, las preguntas hacia mis partes nobles iban desapareciendo a mayor velocidad que los kilómetros recorridos, y mientras lo hacían mi mente intentaba comprender el motivo por el que la teoría decía que iba a ser un vehículo difícil y la práctica se empeñaba en desmentirlo. Afrontando curvas cerradas el eficiente trabajo de suspensiones y dirección llevaba al vehículo por su lugar. El trabajo llevado a cabo por la gestión electrónica del motor era capaz de transmitir la potencia al suelo de un modo suficientemente pausado como para que los sistemas electrónicos no tuvieran que intervenir. Los asientos sujetaban bien el cuerpo y el cambio de marchas permitía inserciones rápidas y precisas. El 500 Abarth es rápido, deportivo, eficiente y permite circular mucho más allá de los límites legales, pero no llega a poner cuestiones a la altura del trasero a poco que tengas un mínimo de manos y de sensatez.

Pensativo durante el resto de la jornada por mis curiosas sensaciones, al llegar a casa hice unas cuantas comprobaciones muy útiles para comprender tan curiosa situación. Lo primero que hice fue dirigirme a los libros que cubren mis estanterías para buscar las características técnicas del Volkswagen Golf GTI 16V del año 89, es decir, del vehículo que marcó mis primeros pinitos en la conducción de automóviles relativamente prestacionales. Lo que en aquel entonces era un coche compacto medía 4,04 metros, tenía una batalla de 2,48 metros, un peso en vacío de 920 kilos, 139 CV de potencia máxima, absolutamente ningún sistema electrónico de seguridad activa... y era divertido y tremendamente eficaz en conducción deportiva. Comparándolo con el "pequeño" Abarth éste tiene una batalla de 2,33 metros, un peso de 1085 kilos, 160 CV de potencia máxima... y control de estabilidad, control de tracción, varios airbag, gestión electrónica de la mecánica y otros sistemas de seguridad activa y seguridad pasiva. Resulta por tanto que la relación peso/potencia del Abarth es prácticamente la misma que en el Golf (6,8 kg/CV) y aunque se trata de un motor sobrealimentado frente a un atmosférico de los que sólo se movían a partir de 3.500 vueltas la gestión de la mecánica y la existencia de muchos sistemas de seguridad hacen que sea mucho más difícil ponerlo en aprietos. 
 
Fiat 500 Abarth dimensiones y potencia
Abarth 500 de 135 CV

Sólo un último apunte; ya he dicho que el Abarth dispone de una batalla de 2,33 metros frente a los 2,48 metros del Golf. Ahora casi nadie le da importancia a esto pero si resulta que uno es tan cafre que termina poniendo en apuros al Abarth comprenderá entonces que esta pequeña variación tiene tremenda importancia, pues significa que la reacción al límite será mucho más radical. Sin la existencia de las ayudas electrónicas quizás mi trasero no habría estado tan tranquilito.
 
 
 
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1 comentarios

Juan Carlos dijo...
Muy bueno este articulo, como siempre.
Juan Carlos - [21/05/2013 15:47:34] - ip registrada
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