Viernes - 30.Julio.2021
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Historia de la marca TUCKER

Marca norteamericana de automóviles fundada en 1946 en Chicago por el ingeniero Preston Thomas Tucker, buen técnico y hábil especulador, que antes había proyectado carros de combate. A pesar de que la actividad de la empresa fue muy breve y que su producción se limitó a unos pocos ejemplares completos, el nombre de Tucker fue muy conocido en Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, sobre todo por los acontecimientos jurídico-financieros que lo acompañaron. Sin embargo, también desde el punto de vista técnico, los pocos Tucker construidos despertaron un gran interés por las numerosas soluciones de vanguardia que los caracterizaban, como el amplio uso del aluminio en todos los componentes mecánicos, el motor trasero, la transmisión por doble convertidor hidráulico y los frenos de disco, además de una carrocería que, aunque poseía dimensiones considerables, tenía una línea ágil y estilizada.

Al final de la guerra, Tucker pensó que el mercado automovilístico estadounidense se orientaría hacia algo nuevo que respondiese a la ola de modernismo que se estaba imponiendo como tendencia general. Por ello, elaboró un proyecto de automóvil que rompía claramente con los esquemas tradicionales y, para su realización práctica, adquirió un viejo taller de la Dodge que había sido destinado, durante la guerra, a la construcción de motores de aviación. Para conseguir la financiación necesaria, constituyó una sociedad en toda regla, la Tucker Corporation, puso a punto un simulacro de cadena de montaje, montó como mejor pudo un prototipo de automóvil, y encomendó a una gran agencia publicitaria el lanzamiento comercial de la nueva empresa.

El prototipo Tucker, denominado oficialmente Torpedo, pero conocido con el nombre de «tin goose» (oca de hojalata) debido a su gran carrocería redondeada, fue presentado oficialmente en junio de 1947 a más de 3.000 concesionarios automovilísticos llegados a Chicago desde toda la nación por invitación del propio Tucker. El aparato dispuesto para la presentación correspondió al más espectacular «kolossal» americano, aunque luego resultó que, en el centro de toda aquella manifestación, sólo existía un automóvil incompleto en sus partes mecánicas y que no funcionaba.

Sin embargo, fue tal la habilidad con que Tucker supo ilustrar el proyecto del Torpedo (que, en realidad, en gran parte se había quedado sobre el papel) y ensalzar las cualidades y ventajas (totalmente supuestas) de todas sus soluciones, que recibió anticipos por valor de centenares de miles de dólares. Según lo expuesto por el constructor, el automóvil debería haber llevado en posición trasera un gran motor de 6 cilindros boxer de 9,5 1, con distribución accionada hidráulicamente, alimentación por inyección indirecta y refrigeración por circuito sellado. Para la potencia se dedaró un valor de 150 CV a sólo 1.500 rpm, con un par excepcional a regímenes muy bajos. Además, preveía la disposición transversal del motor con una doble salida del cigüeñal por ambas partes de la bancada. Las 2 salidas coincidían con el eje de las ruedas y transmitían el movimiento a una y otra mediante 2 convertidores hidráulicos de 'par. Por tanto, la transmisión era directa y no existían ejes ni diferencial. Además, el vehículo disponía de suspensiones independientes, tanto en el eje delantero como en el trasero, con elementos elásticos constituidos por bloques de caucho. Los frenos, de derivación aeronáutica, eran de disco. Respecto a la carrocería (única parte del vehículo sobre cuya realización no existían dudas), había sido diseñada por Alex Tremoulis, antiguo estilista de laCord.

Además de la originalidad de las soluciones mecánicas y de la validez estética de la línea, Tucker, al proyectar su automóvil, también había pensado en la seguridad: por ejemplo, el habitáculo estaba protegido por 3 resistentes armaduras, un anticipo de los futuros rollbars; el salpicadero, el interior de las puertas y la parte superior del habitáculo se hallaban bien acolchados; los frenos eran de disco (sin embargo, su eficiencia no estaba probada); finalmente, el alumbrado delantero, además de los dos proyectores normales, preveía otro central giratorio conectado a la dirección.

En resumen, se trataba de un automóvil muy interesante desde cualquier aspecto, que anticipaba al menos en 10 años las técnicas de construcción generalizadas posteriormente. Sin embargo, pese a la validez teórica de su proyecto, parece que no funcionó jamás, ni con ocasión de su presentación a los concesionarios ni posteriormente. En efecto, el motor fue substituido por otro de 6 cilindros de helicóptero de 5,5 1, y la revolucionaria transmisión cedió su lugar a un antiguo cambio Cord con accionamiento electromagnético. De los 51 ejemplares construidos, sólo unos pocos llegaron a funcionar.

La iniciativa del ingeniero norteamericano concluyó en un desastre comercial de proporciones gigantescas; se dijo que el coste de aquella operación había sido descomunal.

Tucker fue procesado por fraude, pero jamás fue condenado y, una vez obtenida su absolución, intentó crear una nueva empresa automovilística, esta vez en Brasil. Habiéndose trasladado a dicho país, presentó un nuevo proyecto de un utilitario de características deportivas que reproponía muchas de las soluciones adoptadas para el antiguo Torpedo. Pero, debido a los precedentes, la búsqueda de financiadores fue larga y difícil, tanto que en 1955 el proyecto aún no había encontrado una realización práctica. Ese mismo año murió Tucker y la iniciativa concluyó definitivamente.



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