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24 horas Ford 2013, crónica final

Si las dos crónicas anteriores estaban escritas desde el propio circuito del Jarama y durante la carrera, reconozco que esta última  la estoy escribiendo cuando han pasado ya 24 horas desde que la carrera terminó. Ayer, durante toda la mañana, los tiempos del equipo y las circunstancias de carrera llevaron a la mayoría de los miembros del equipo y a los representantes de la Fundación Gomaespuma a una situación de estrés que permitía poco más que estar completamente atentos al acontecer en el asfalto. Los equipos que circulaban en cabeza seguían poco a poco alejándose del resto de competidores, nuestra sexta posición llegó a ser la novena de diez cuando apenas quedaban ocho horas para el término de la carrera, Joan miraba la pantalla intentando comprender, y todos los presentes elucubrábamos sobre el mejor modo de transformar una situación que parecía irremediablemente destinada a un rotundo fracaso.

A eso de las 12 del mediodía tocaba mi turno de nuevo. Un turno sobre el que tampoco podía escribir durante la carrera porque era una de las grandes apuestas para buscar un hueco entre los mejores. El compañero que pilotó antes que yo hizo exactamente lo que le habíamos pedido desde el equipo: nada menos que aguantar en pista y sin repostar hasta que el ordenador de a bordo dijera que la autonomía restante era… cero. Sí, cero patatero, es decir, que según el ordenador nuestro coche tendría que estar totalmente parado. Y así circuló durante unas pocas vueltas hasta que el coche llegó a mis manos, mi tarea era circular los 50 minutos de mi turno a un ritmo suficiente bueno y con el combustible que nosotros estimábamos que había en el depósito, porque no repostamos, la autonomía seguía marcando cero.

Cincuenta minutos, tiempos por vuelta que en el peor de los casos estaban en torno a 2 minutos 40 segundos pero que llegaba a ser de 2 minutos 30 en algunas pocas vueltas, 17 interminables vueltas al Jarama, un habitáculo cerrado a cal y canto y sin aire acondicionado para evitar consumos excesivos, más de 40 grados de temperatura, concentración absoluta para mantener el ritmo sin aumentar un consumo que pude situar en torno a los 10,7 litros, y al terminar mi turno conseguí llegar al repostaje aproximadamente una hora y media después de que repostara el último de nuestros competidores para que en el depósito cupieran exactamente los 47,5 litros que nos quedaban para terminar la carrera. Al salir del coche todo el equipo quería abrazarme, mi sensación de piloto estaba más allá de la estratosfera mientras el sudor era parte intrínseca del mono y rezumaba por cada prenda de mi vestimenta. Guillermo Fresser, uno de los componentes de Goma Espuma, acababa de llegar al box y quería saludarme, pero mi situación física y psíquica era tan precaria que, a pesar de ser enorme admirador de su fantástico humor, tuve que decirle que no, que tenía que ducharme y calmarme antes de saludarle como es debido.

Nuestra carrera, después de más de 17 horas, acababa de empezar. Lo dije en la anterior crónica y se hizo realidad cuando apenas quedaban cinco horas para el final de la prueba. Ahora tocaba hacer las cábalas más complicadas y tomar las decisiones más difíciles. Cada componente del equipo quería participar para darlo todo, pero todos estuvimos de acuerdo en buscar ante todo el éxito final, lo importante no éramos nosotros, lo importante era conseguir el dinero del premio para que la Fundación Gomaespuma pudiera construir un colegio para 100 niños en Sri Lanka. Apoyados en unos extraños cálculos realizados en una hoja excel decidimos qué pilotos deberían realizar los últimos turnos para conseguir la mayor eficiencia, no hubo malas caras, no hubo peticiones, todos querían el éxito final, todos estuvieron de acuerdo en unos relevos que de nuevo me situaban a mi en una situación altamente comprometida; mi objetivo era hacer el último turno, posiblemente con poco combustible, casi seguro que luchando por ganar algún puesto o no perder el obtenido hasta el momento.

La estrategia parecía sonreirnos en parte cuando, quedando menos de una hora de carrera, estábamos en el último escalón del podium aun cuando pocas horas antes habíamos tenido un pinchazo que estuvo a punto de echar todo al traste. He de decir que aun así estábamos un poco cabizbajos, el ritmo de los de delante era tremendamente alto y no habíamos sido capaces de alcanzarlos sin poner en peligro el consumo final, empezamos a dudar de nuestras estrategias pero las mantuvimos, nuestro objetivo había sido desde el principio conseguir la victoria final, pero a estas alturas nos conformábamos con un tercer puesto que nos había costado muchas cábalas y más sudores. Antes del último turno, de nuevo, el Focus circuló varias vueltas con el ordenador marcando cero de autonomía restante.

Con el peso de la máxima responsabilidad me subí al Ford Focus 1.0 Ecoboost y puse a cero el ordenador de a bordo para tener un conocimiento exacto de mi consumo. Primer paso por meta, mi ritmo es bajo, me dicen desde el box que debo aumentarlo, les digo que mi consumo es 9,0. Aprovecho que un competidor me pasa para preguntar el ritmo al que él está circulando, 2 m 30 s por vuelta, me dicen, y decido mantenerme a cierta distancia de él con el objetivo de conseguir su ritmo sin perder mucho en consumo. Lo consigo, hago varios pasos por meta con tiempos que oscilan entre 2m30s y 2m37s con un consumo que no pasa de 10,5 litros de media. Los dos primeros han bajado el ritmo, tanto que incluso llego a la altura del segundo y, cuando intento desdoblarme de una de las vueltas, acelera. Me mantengo cerca, le presiono, me presiona, sigo buscando el consumo pero no quiero dejar de ganarle algo de tiempo, le comento a nuestro coordinador que puedo apretar más y mantenerme en una media de 11 litros, me dice que me olvide pero oigo mucho murmullo en el box, todos están nerviosos, todos quieren opinar. En la cuarta posición el vehículo que nos sigue me está recortando más de 10 segundos por vuelta y pido que no me informen más de él hasta que esté, si llega, a 30 segundos de distancia. 

Pasan las vueltas, mi ritmo es bueno, los de arriba han dejado de apretar y parece que al fin encuentran que su consumo ha sido excesivo en general. Por detrás, sin embargo, el cuarto Focus sigue apretando el acelerador para buscar quitarme el ansiado podium. Me dicen que está muy cerca, y entonces es cuando decido acelerar, sé que tengo suficiente combustible para hacerlo… o al menos eso creo, apuro más cada curva manteniendo una conducción tan suave como me es posible, acelero un poco más a la salida de las curvas, busco un poquito más el límite del coche, quedan apenas dos vueltas, he conseguido mantener a raya al cuarto, quedan tres vueltas, el cuarto aprieta el acelerador a fondo y yo intento mantener la calma para no disparar los consumos, sigo con mi carrera y al pasar por línea de meta veo su calandra en mi retrovisor, no está pisándome los talones, pero me tiene a tiro, así es que me planteo que tengo que hacer una vuelta rápida independientemente del consumo y, cuando estoy dispuesto a realizarla, veo que su ritmo baja, y baja, y baja…. acaba de quedarse sin combustible. 

Penúltima vuelta, final de infarto, veo a un Focus parado en el lateral del circuito; otra víctima del consumo. Al pasar por su lado me quedo atónito al comprobar que es el número 3 ¡El segundo se ha quedado tirado! grito por la emisora. En el box se oyen gritos, saltos, júbilo, mientras en el asiento del conductor de mi Focus un conductor venido a más suda copiosamente pensando que quizás alcance el final en segunda posición, intento mantener la concentración y creo que incluso lo consigo. Mantengo la trazada, el Focus no me ha dado ni un solo aviso de falta de combustible, pienso que quizás llegue sin más sobresaltos… hasta que veo a otro Focus con problemas de gasolina, lo paso, lo miro, lo remiro… ¿El número 10? El número 10 iba en cabeza y ahora está ahí, parado, "muerto", mientras yo paso a su lado con incrédula sorpresa. El primero se ha quedado tirado, grito con mi afónica voz. En el box, con tanto alboroto, creen que estoy diciendo que soy yo quien se ha quedado sin combustible, la tristeza y la impotencia se puede oír a este lado de la radio, intento tranquilizarme y explicarles que no, que no soy yo, pero no me oyen, están abatidos. Con el poco hilo de voz que me queda grito lleno de rabia ¡Que no, que el que se ha quedado tirado es el diez, yo sigo en carrera, vamos primeros co…o! Y cuando me entienden los gritos se multiplican por diez, me dan ganas de apagar la radio. 

Joan, el coordinador, grita lo suficiente para hacerme saber que tengo que terminar la vuelta ¡Por favor, acaba la vuelta, no puedes quedarte tirado ahora! Son los dos minutos más largos de mi vida, mientras llevo mi Focus hacia la línea de llegada voy pasando a vehículos de asistencia del Jarama que escoltan a los Focus que han ido quedándose tirados en el camino. Estoy a punto de llegar, veo la línea de meta, veo la bandera…. no me lo puedo creer, acabamos de ganar las 24 horas de Ford, la Fundación Gomaespuma podrá realizar su proyecto, y yo he sido parte importante en la consecución del mismo. Al volante del Focus me siento tan eufórico que realizo una vuelta completa más al Jarama para llegar a la zona de reportaje en la que tenemos que poner algo de combustible para evitar que los coches se queden tirados en el transporte.

Han sido las 24 horas más intensas de mi vida. Estoy eufórico por la victoria, pero estoy eufórico igualmente por lo que significa que en estos tiempos existan eventos en los que las ONG y sus proyectos son los grandes ganadores. Me siento feliz y triste a la vez, porque los otros proyectos merecen igualmente ser realizados. Ojalá y consigan la inversión que requieren para ponerse en marcha, porque todos los proyectos presentados hacen que se encoja el corazón de cualquier ser humano que pueda ser considerado como tal. Gracias, Ford, por haberme permitido participar en esto, ganar ha sido increíble, sentirme parte importante de la ayuda es aún más increíble.

Otras crónicas de la carrera:

Décima edición 24 horas Ford

24 horas Ford, primera crónica

24 horas Ford, segunda crónica

24 horas Ford, crónica final

 

 

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2 comentarios

periodistamotor dijo...
Para el comentario de "anónimo":
Pero hombre, en esta crónica, que está pensada para el entretenimiento y para que la gente disfrute, no quería yo que hubiera ningún tipo de polémica. A ver, yo estaba en el coche, y ví al coche 3 y al coche 10 "aparcados" en el arcén. Es cierto que me comentaron que se habían confundido y que pensaban que tenían que esperar para entrar, pero yo cuento lo que vi, no puedo ser más honesto. Por otra parte es absolutamente cierto que tuvimos la fortuna de nuestra parte, pero de nada hubiera valido sin estrategias. Jamás escribo falsedades ni mentiras, y menos en una crónica de una carrera que está destinada básicamente a que las ONG obtengan un dinero. No obstante, gracias por la aportación.
periodistamotor - [25/06/2013 11:58:12] - ip registrada
anónimo dijo...
como nos inventamos los acontecimientos ...se cumple la maxima periodistica: "no dejes que la verdad te estropee una buena noticia". Ni el coche 10 se quedo tirado, ni ganasteis por estrategia, e imagino que el resto de lo que cuentas esta igualmente repleto de falsedades... ganasteis de milagro, sin esperarlo y por un error del coordinador del coche 10... enhorabuena por la carrera y aprendamos a escribir con algo de veracidad
anónimo - [25/06/2013 11:48:44] - ip registrada
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